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24 de Junio de 1821: Batalla de Carabobo. Fin del dominio de la Corona española
Efemérides - Efemérides Internacionales - Jueves, 24 Junio 2021

La batalla de Carabobo fue una de las principales acciones militares de la Guerra de Independencia de Venezuela que se llevó a cabo en el Campo de Carabobo el 24 de junio de 1821, por parte del ejército patriota contra el ejército real del imperio español, y reconocida por sellar el proceso emancipador venezolano, reafirmado con la expulsión definitiva de las tropas españolas en la posterior Batalla Naval del Lago de Maracaibo.

Oleo, BatallaCarabobo. Martin Tovar y TovarOleo, BatallaCarabobo. Martin Tovar y Tovar

PARTE DE LA BATALLA DE CARABOBO

POR SIMÓN BOLÍVAR

(25 de junio de 1821)

 

Al Excelentísimo señor Vicepresidente de Nueva Granada.

Ayer se ha confirmado con una espléndida victoria el nacimiento político la República de Colombia.

Reunidas las divisiones del Ejército Libertador en los campos Tinaquillo el 23, marchamos ayer por la mañana sobre el Cuartel General enemigo situado en Carabobo, en el orden siguiente: La primera división, compuesta del bravo batallón Británico, del Bravo de Apure y 1.500 caballos a las órdenes del señor general Páez. La segunda, compuesta de la segunda brigada de La Guardia con los batallones Tiradores, Boyacá y Vargas, y el Escuadrón Sagrado que manda el impertérrito coronel Aramendi a las órdenes del señor general Cedeño. La tercera, compuesta de la primera brigada de La Guardia con los batallones Rifles, Granaderos, Vencedor de Boyacá, Anzoátegui y el regimiento de caballería del intrépido coronel Rondón, a las órdenes del señor coronel Plaza.

Nuestra marcha por los montes y desfiladeros que nos separaban del campo enemigo fue rápida y ordenada. A las 11 de la mañana desfilamos por nuestra izquierda al frente del ejército enemigo bajo sus fuegos; atravesamos un riachuelo, que sólo daba frente para un hombre, a presencia de un ejército que bien colocado en una altura inaccesible y plana, nos dominaba y nos cruzaba con todos sus fuegos.

El bizarro general Páez a la cabeza de los dos batallones de su división y del regimiento de caballería del valiente coronel Muñoz, marchó con tal intrepidez sobre la derecha del enemigo que en media hora todo él fue envuelto y cortado. Nada hará jamás bastante honor al valor de estas tropas. El batallón Británico mandado por el benemérito coronel Farriar pudo aún distinguirse entre tantos valientes y tuvo una gran pérdida de oficiales.

La conducta del general Páez en la última y en la más gloriosa victoria de Colombia lo ha hecho acreedor al último rango en la milicia, y yo, en nombre del Congreso, le he ofrecido en el campo de batalla el empleo de General en Jefe de ejército.

De la segunda división no entró en acción más que una parte del batallón de Tiradores de La Guardia que manda el benemérito comandante Heras. Pero su general, desesperado de no poder entrar en la batalla con toda su división por los obstáculos del terreno, dio solo contra una masa de infantería y murió en medio de ella del modo heroico que merecía terminar la noble carrera del bravo de los bravos de Colombia. La República ha perdido en el general Cedeño un grande apoyo en paz o en guerra; ninguno más valiente que él, ninguno más obediente al Gobierno. Yo recomiendo las cenizas de este General al Congreso Soberano para que se le tributen los honores de un triunfo solemne. Igual dolor sufre la República con la muerte del intrepidísimo coronel Plaza que, lleno de un entusiasmo sin ejemplo, se precipitó sobre un batallón enemigo a rendirlo. El coronel Plaza es acreedor a las lágrimas de Colombia y a que el Congreso le conceda los honores de un heroísmo eminente.

Disperso el ejército enemigo, el ardor de nuestros jefes y oficiales en perseguirlo fue tal que tuvimos una gran pérdida en esta alta clase del ejército. El boletín dará el nombre de estos ilustres.

El ejército español pasaba de seis mil hombres, compuesto de todo lo mejor de las expediciones pacificadoras. Este ejército ha dejado de serlo. Cuatrocientos hombres habrán entrado hoy a Puerto Cabello.

El Ejército Libertador tenía igual fuerza que el enemigo, pero no más que una quinta parte de él ha decidido la batalla. Nuestra pérdida no es sino dolorosa: apenas 200 muertos y heridos.

El coronel Rangel, que hizo como siempre prodigios, ha marchado hoy a establecer la línea contra Puerto Cabello.

Acepte el Congreso Soberano en nombre de los bravos que tengo la honra de mandar, el homenaje de un ejército rendido, el más grande y más hermoso que ha hecho armas en Colombia en un campo de batalla.

Tengo el honor de ser con la más alta consideración, de V. E. atento, humilde servidor

 

PARTE CIRCUNSTAN­CIADO DE LA BATALLA DE CARABOBO, DE LOS SUCESOS MILI­TARES POSTERIORES AL 24 DE JUNIO HASTA LA ENTRADA DEL LIBERTADOR EN CARACAS EL 29 DE JUNIO, EN COMPAÑÍA DE PAEZ Y LA PARTIDA DEL EDECÁN DIEGO IBARRA PARA APO­DERARSE DE LA GUAIRA.

Por el Ministro de Defensa de Colombia Pedro Briceño Mendez

Caracas, junto 30 de 1821.

A S.E. el Vicepresidente interino de la República.

Desde el Tocuyito tuve la satisfacción de participar por una circu­lar la gloriosa victoria de Carabobo, y previne se trasmitiera a V.E. tan plausible noticia. Las rápidas marchas que ha hecho S.E. y la multitud de atenciones de que he estado rodeado, me habían impedido hasta ahora cumplir con el agradable deber de dar a V.E. algunos detalles sobre aquella célebre jornada y las operaciones posteriores del Ejército.

El enemigo, concentrado en Carabobo desde que fue expulsado de San Carlos, extendía sus partidas de observaciones hasta el Tinaquillo, lo que le daba la ventaja de saber muy anticipadamente nuestra aproximación, que deseaba V.E. ocultarle para [que no tuviere] [1] no darle tiempo de reunir las fuerzas que el Señor Ge­neral Bermúdez había atraído sobre Caracas, y el Señor Coronel Carrillo sobre San Felipe. Con este intento marchó el Teniente Co­ronel Silva el 19 con su destacamento a sorprender y a apresar la descubierta que diariamente hacía el enemigo hasta el Tinaquillo.

El Comandante Silva llenó tan completamente su comisión que apenas pudo escapar un soldado de los que formaban la descubierta enemiga. El Comandante de ella y cuatro hombres más, murieron en el acto, los demás quedaron prisioneros. Este suceso aterró de tal modo al enemigo que hizo retirar inmediatamente un fuerte destacamento con que cubría el inaccesible desfiladero de Buena Vista.

El 23 [sí fue posible reunir todo el ejército porque la División Urdaneta] [2] se reunió en la marcha todo el ejército que se había movido en divisiones, y al amanecer el 24 nuestra Vanguardia se apoderó de Buena Vista, distante una hora de Carabobo. De allí observamos [y fue cierto] [3] que el enemigo estaba preparado al combate [la orden de batalla] [4] formado en seis fuertes Columnas de Infantería y tres de caballería, situadas de manera que enteramente se sostenían para impedir nuestra salida a la llanura. El ca­mino estrecho que llevábamos no permitía otro frente que [el de dos hombres] [5] para desfilar, y el enemigo no solamente defendía la salida al llano, sino que dominaba perfectamente el desfiladero con su artillería, con una columna de infantería que cubría la salida y dos que la flanqueaba por derecha e izquierda. Reconocida la posición, S.E. creyó que no era abordable; observando por la colo­cación del Ejército Español, que éste no temía el ataque sino por el camino principal de San Carlos, o por el del Pao, que daba a su izquierda, dispuso que el Ejército, [por una marcha rápida] [6] con­virtiese su marcha rápidamente sobre nuestra izquierda, flanqueando al enemigo por su derecha que parecía más débil. El Señor General Páez que mandaba la 1ra División, ejecutó el movimiento con una increíble celeridad, despreciando los fuegos de la artillería enemiga, pero era imposible impedir que el enemigo no corriera a disputarnos la salida a la llanura.

Debíamos desfilar por segunda vez, para atravesar un riachuelo que separaba la colina, en que había desplegado el Ejército y la que dominaba el enemigo; siendo plana la cumbre de ésta, daba al enemigo la ventaja de moverse fácilmente y de ocurrir a todas partes. Así fue que a pesar de la sorpresa que causó al Ejército Es­pañol nuestro movimiento, pudieran algunos de sus cuerpos llegar a tiempo que empezaba el batallón de Apure a pasar el desfiladero. Allí se rompió el fuego de infantería sostenido vigorosamente por ambas partes. El batallón de Apure que logró al fin pasar, no pudo resistir solo la carga que le dieron. Ya plegaba, cuando llegó en su auxilio el batallón Británico que le seguía. El enemigo había em­peñado en el combate cuatro de sus mejores batallones contra uno solo del Ejército Libertador, y se lisonjeaba de obtener con todos nuestros cuerpos el mismo suceso que con el primero que había contenido. La firmeza del batallón Británico para sufrir los fuegos hasta que se formó; la intrepidez con que cargó a la bayoneta, sos­tenido por el batallón de Apure que se había rehecho y por dos compañías del de Tiradores, que oportunamente condujo al fuego su Comandante, el Teniente Coronel Heras, decidieron la batalla. El enemigo cedía el terreno aunque sin cesar sus fuegos. Nuestros batallones avanzaban y apoyados por [Escuadrón Sagrado y] [7] el Escuadrón del Regimiento de Honor [del Señor Coronel Muñoz] [8] del General Páez y del Estado Mayor de este General, desalojaron completamente al enemigo de la altura. El Ejército pasaba rápidamente el desfiladero por dos estrechas sendas; y el enemigo, aun­que desalojado de su primera posición, había podido rehacerse, y procuró aprovechar el momento de hacer una nueva carga con su caballería, mientras que nuestros piquetes de esta arma, que ha­bían pasado, proseguían y despedazaban a sus batallones que huían. Algunos de nuestros piquetes de Caballería del ler. Escuadrón del Regimiento de Honor [del Escuadrón Sagrado] [9] y el Escuadrón Mayor, del Señor General Páez, se reunieron en número de 80 a 100 hombres, y ellos solos bastaron para rechazar y poner en derrota toda la columna de caballería enemiga. Desde este momento el triunfo quedó completo. El enemigo no pensó sino en huir y salvarse. Nuestra caballería [lo persiguió con un vigor extraordina­rio y] [10] que sucesivamente iba recibiendo refuerzos de todos los Escuadrones que pasaban el desfiladero, hizo la persecución con un vigor extraordinario. Batallones enteros se tomaron prisioneros, otros, arrojando sus armas, se dispararon disueltos por los bosques. [Nad. No habría salido un solo nombre] [11].

Los dos batallones [del] [12] enemigos [no habían entrado aún en combate pretendieron retirarse del campo y arriesg] [13] que habían quedado cubriendo el camino principal de San Carlos, flanqueándolo por la derecha, no entraron en combate y pretendieron reti­rarse del campo en masa. Nuestra caballería procuró entretenerlos mientras salía la infantería, pero no logró sino obligarlos a que precipitaran la retirada, y aprehendieron algunos hombres que se dispersaban. Hasta las inmediaciones de Valencia vino el ejército persiguiendo la columna; fue en esta operación donde el ardor de nuestros Jefes y oficiales de caballería hizo sensible nuestra pérdida.

Como nuestra infantería, estropeada con las largas marchas que había hecho durante la campaña, no podía sostener el paso de trote que llevó el enemigo por seis leguas, nuestra caballería se empeñó en entretenerlo para dar tiempo a que llegaran algunos batallones. A veces las escaramuzas se convertían en cargas [en estas, ellas perecerían] [14] que aunque costaron bastante al enemigo, causaron a la República el gran dolor de perder a uno de sus más esclareci­dos Generales y el bravo Teniente Coronel Mellao, que mandaba los Dragones de la Guardia. La columna enemiga se había defen­dido valientemente, a pesar de que se había disminuido mucho. S.E. [resolvió] [15] temió que si entraba a Valencia no era posible impedirle el paso a Puerto Cabello, y a una legua de aquella ciu­dad hizo que los batallones Rifles y Granaderos de la Guardia mon­tasen a caballo y fuesen al galope en su alcance. [Pero antes] [16] el día antes de la batalla había marchado [solo con dos] [17] el Coronel Español Tello con dos batallones, Navarra y Barinas, a reforzar a San Felipe, ignorando el enemigo que la co­lumna del Señor Coronel Carrillo la había ocupado ya. S.E. des­tacó del Tocuyito al Teniente Coronel Heras con tres batallones a tomar la espalda de Tello, y cooperar a batirlo con el Señor Coronel Carrillo. Aún no se sabe el resultado final de esta operación, que tal vez quede sin efecto porque Tello emprendió su retirada sobre Puerto Cabello antes que nuestras tropas lo avistasen.

Al amanecer del 25 marchó el Señor Coronel Rangel a estable­cer el bloqueo de Puerto Cabello, y desde el 26 quedó formada la línea de simple bloqueo porque era preciso aguardar el comple­mento de nuestras operaciones para estrecharla y formarla de sitio. Por la tarde del 25, después de haber arreglado [S.E.] [18] el Gobierno de Valencia, organizado de nuevo el ejército, [marcha sobre esta capital con tres batallones de la Guardia] [19] y destacado algunos cuerpos sobre Calabozo y el Pao a perseguir los dispersos que hubiesen tomado aquellas direcciones, marchó S.E. sobre esta capital con tres batallones de su Guardia y el regimiento de honor del Señor General Páez. Su objeto era tomar la espalda de la divi­sión con que el Coronel Español Pereira [que se había alejado de que] [20] perseguía al Señor General Bermúdez sobre los Valles del Tuy. No me es posible informar aún a V.E. de los prodigios que este célebre General ha obrado con una pequeña división por esta parte en cumplimiento de las órdenes que tenía. Baste decir a S.E. que los pueblos y el enemigo están asombrados [al verle obrar con tanto valor y audacia como] [21] y no alcanzan a expresar toda su admiración, ni decidir si han sido mayores su valor y su audacia o su prudencia y habilidad. Esperamos por momentos su arribo a esta ciudad y entonces, impuesto detenidamente de sus operaciones, tendré la satisfacción de comunicarlas a S.E.

El Coronel Pereira, al saber la derrota del ejército Español, replegó sobre esta capital, y envió una partida de Húsares [sobre San Pedro a saber nuestra] [22] sobre los Valles de Aragua, a saber nues­tra situación. La partida fue sorprendida y apresada por un piquete de lanceros del Regimiento de Honor que se había adelantado ya de San Pedro. Pereira se retiró, sin esperar más resultado, sobre La Guaira, pero [informado] [23] sabiendo en el tránsito que no había en aquel puerto buques en qué embarcarse, convirtió su marcha ha­cia Carayaca, buscando algún camino que lo conduzca a Puerto Cabello por la Costa. No habiendo hallado ninguno, ha emprendido su retirada por los montes elevados y espesos bosques que dividen del Mar a los Valles de Aragua. El Señor Coronel Manrique con dos batallones y un trozo de caballería había ido a buscarlo a Ca­rayaca, pero [informado] [24] instruido de la dirección que lleva, se ha puesto en su persecución. El Coronel Arguindegui quedó en los Valles de Aragua con su batallón para cortar a Pereira por cual­quiera [de las direcciones] [25] vía que tome, bien sea por la Costa o por la [cerritos, o por la] [26] vivas. Hasta las doce de la noche no cesó de renovarse el concurso en la casa [donde S.E.] [27] [Al fin que fue preciso despedir y prohibir que entrasen más] [28]. Fue preciso cerrar al fin para poderse ocupar S.E. de algunos nego­cios importantes. Al amanecer se ha repetido la escena de la noche y ha continuado por todo el día.

El Edecán Ibarra marchó esta mañana a apoderarse de La Guaira que está evacuada, y ha participado ya su entrada allí sin novedad.

V.E. extrañará que no haya recomendado particularmente a ningún Jefe ni oficial en la batalla, [El temor de ofender a alguno me obliga a. La satisfacción de que todos] [29] porque sería necesario insertar en esta parte los nombres de todo el ejército, por lo me­nos los de toda la primera División y de todos los Jefes de las otras. Generales, Jefes, oficiales y tropa, todos indistintamente se han manifestado, en este memorable día, dignos defensores de la República.

Dios guarde, &.

[PEDRO BRICEÑO MÉNDEZ]


 Publicado por AiSUR

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