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SUMMARY:24 de Junio de 1821: Batalla de Carabobo. Fin del dominio de la Corona española
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DESCRIPTION:La batalla de Carabobo fue una de las principales acciones militares de la 
 Guerra de Independencia de Venezuela que se llevó a cabo en el Campo de Car
 abobo el 24 de junio de 1821, por parte del ejército patriota contra el ejé
 rcito real del imperio español, y reconocida por sellar el proceso emancipa
 dor venezolano, reafirmado con la expulsión definitiva de las tropas españo
 las en la posterior Batalla Naval del Lago de Maracaibo.\n  Oleo, BatallaCa
 rabobo. Martin Tovar y Tovar\n  PARTE DE LA BATALLA DE CARABOBO\n  POR SIMÓ
 N BOLÍVAR\n  (25 de junio de 1821)\n   \n  Al Excelentísimo señor Vicepresi
 dente de Nueva Granada.\n  Ayer se ha confirmado con una espléndida victori
 a el nacimiento político la República de Colombia.\n  Reunidas las division
 es del Ejército Libertador en los campos Tinaquillo el 23, marchamos ayer p
 or la mañana sobre el Cuartel General enemigo situado en Carabobo, en el or
 den siguiente: La primera división, compuesta del bravo batallón Británico,
  del Bravo de Apure y 1.500 caballos a las órdenes del señor general Páez. 
 La segunda, compuesta de la segunda brigada de La Guardia con los batallone
 s Tiradores, Boyacá y Vargas, y el Escuadrón Sagrado que manda el impertérr
 ito coronel Aramendi a las órdenes del señor general Cedeño. La tercera, co
 mpuesta de la primera brigada de La Guardia con los batallones Rifles, Gran
 aderos, Vencedor de Boyacá, Anzoátegui y el regimiento de caballería del in
 trépido coronel Rondón, a las órdenes del señor coronel Plaza.\n  Nuestra m
 archa por los montes y desfiladeros que nos separaban del campo enemigo fue
  rápida y ordenada. A las 11 de la mañana desfilamos por nuestra izquierda 
 al frente del ejército enemigo bajo sus fuegos; atravesamos un riachuelo, q
 ue sólo daba frente para un hombre, a presencia de un ejército que bien col
 ocado en una altura inaccesible y plana, nos dominaba y nos cruzaba con tod
 os sus fuegos.\n  El bizarro general Páez a la cabeza de los dos batallones
  de su división y del regimiento de caballería del valiente coronel Muñoz, 
 marchó con tal intrepidez sobre la derecha del enemigo que en media hora to
 do él fue envuelto y cortado. Nada hará jamás bastante honor al valor de es
 tas tropas. El batallón Británico mandado por el benemérito coronel Farriar
  pudo aún distinguirse entre tantos valientes y tuvo una gran pérdida de of
 iciales.\n  La conducta del general Páez en la última y en la más gloriosa 
 victoria de Colombia lo ha hecho acreedor al último rango en la milicia, y 
 yo, en nombre del Congreso, le he ofrecido en el campo de batalla el empleo
  de General en Jefe de ejército.\n  De la segunda división no entró en acci
 ón más que una parte del batallón de Tiradores de La Guardia que manda el b
 enemérito comandante Heras. Pero su general, desesperado de no poder entrar
  en la batalla con toda su división por los obstáculos del terreno, dio sol
 o contra una masa de infantería y murió en medio de ella del modo heroico q
 ue merecía terminar la noble carrera del bravo de los bravos de Colombia. L
 a República ha perdido en el general Cedeño un grande apoyo en paz o en gue
 rra; ninguno más valiente que él, ninguno más obediente al Gobierno. Yo rec
 omiendo las cenizas de este General al Congreso Soberano para que se le tri
 buten los honores de un triunfo solemne. Igual dolor sufre la República con
  la muerte del intrepidísimo coronel Plaza que, lleno de un entusiasmo sin 
 ejemplo, se precipitó sobre un batallón enemigo a rendirlo. El coronel Plaz
 a es acreedor a las lágrimas de Colombia y a que el Congreso le conceda los
  honores de un heroísmo eminente.\n  Disperso el ejército enemigo, el ardor
  de nuestros jefes y oficiales en perseguirlo fue tal que tuvimos una gran 
 pérdida en esta alta clase del ejército. El boletín dará el nombre de estos
  ilustres.\n  El ejército español pasaba de seis mil hombres, compuesto de 
 todo lo mejor de las expediciones pacificadoras. Este ejército ha dejado de
  serlo. Cuatrocientos hombres habrán entrado hoy a Puerto Cabello.\n  El Ej
 ército Libertador tenía igual fuerza que el enemigo, pero no más que una qu
 inta parte de él ha decidido la batalla. Nuestra pérdida no es sino doloros
 a: apenas 200 muertos y heridos.\n  El coronel Rangel, que hizo como siempr
 e prodigios, ha marchado hoy a establecer la línea contra Puerto Cabello.\n
   Acepte el Congreso Soberano en nombre de los bravos que tengo la honra de
  mandar, el homenaje de un ejército rendido, el más grande y más hermoso qu
 e ha hecho armas en Colombia en un campo de batalla.\n  Tengo el honor de s
 er con la más alta consideración, de V. E. atento, humilde servidor\n   \n 
  PARTE CIRCUNSTAN­CIADO DE LA BATALLA DE CARABOBO, DE LOS SUCESOS MILI­TARE
 S POSTERIORES AL 24 DE JUNIO HASTA LA ENTRADA DEL LIBERTADOR EN CARACAS EL 
 29 DE JUNIO, EN COMPAÑÍA DE PAEZ Y LA PARTIDA DEL EDECÁN DIEGO IBARRA PARA 
 APO­DERARSE DE LA GUAIRA.\n  Por el Ministro de Defensa de Colombia Pedro B
 riceño Mendez\n  Caracas, junto 30 de 1821.\n  A S.E. el Vicepresidente int
 erino de la República.\n  Desde el Tocuyito tuve la satisfacción de partici
 par por una circu­lar la gloriosa victoria de Carabobo, y previne se trasmi
 tiera a V.E. tan plausible noticia. Las rápidas marchas que ha hecho S.E. y
  la multitud de atenciones de que he estado rodeado, me habían impedido has
 ta ahora cumplir con el agradable deber de dar a V.E. algunos detalles sobr
 e aquella célebre jornada y las operaciones posteriores del Ejército.\n  El
  enemigo, concentrado en Carabobo desde que fue expulsado de San Carlos, ex
 tendía sus partidas de observaciones hasta el Tinaquillo, lo que le daba la
  ventaja de saber muy anticipadamente nuestra aproximación, que deseaba V.E
 . ocultarle para [que no tuviere] [1] no darle tiempo de reunir las fuerzas
  que el Señor Ge­neral Bermúdez había atraído sobre Caracas, y el Señor Cor
 onel Carrillo sobre San Felipe. Con este intento marchó el Teniente Co­rone
 l Silva el 19 con su destacamento a sorprender y a apresar la descubierta q
 ue diariamente hacía el enemigo hasta el Tinaquillo.\n  El Comandante Silva
  llenó tan completamente su comisión que apenas pudo escapar un soldado de 
 los que formaban la descubierta enemiga. El Comandante de ella y cuatro hom
 bres más, murieron en el acto, los demás quedaron prisioneros. Este suceso 
 aterró de tal modo al enemigo que hizo retirar inmediatamente un fuerte des
 tacamento con que cubría el inaccesible desfiladero de Buena Vista.\n  El 2
 3 [sí fue posible reunir todo el ejército porque la División Urdaneta] [2] 
 se reunió en la marcha todo el ejército que se había movido en divisiones, 
 y al amanecer el 24 nuestra Vanguardia se apoderó de Buena Vista, distante 
 una hora de Carabobo. De allí observamos [y fue cierto] [3] que el enemigo 
 estaba preparado al combate [la orden de batalla] [4] formado en seis fuert
 es Columnas de Infantería y tres de caballería, situadas de manera que ente
 ramente se sostenían para impedir nuestra salida a la llanura. El ca­mino e
 strecho que llevábamos no permitía otro frente que [el de dos hombres] [5] 
 para desfilar, y el enemigo no solamente defendía la salida al llano, sino 
 que dominaba perfectamente el desfiladero con su artillería, con una column
 a de infantería que cubría la salida y dos que la flanqueaba por derecha e 
 izquierda. Reconocida la posición, S.E. creyó que no era abordable; observa
 ndo por la colo­cación del Ejército Español, que éste no temía el ataque si
 no por el camino principal de San Carlos, o por el del Pao, que daba a su i
 zquierda, dispuso que el Ejército, [por una marcha rápida] [6] con­virtiese
  su marcha rápidamente sobre nuestra izquierda, flanqueando al enemigo por 
 su derecha que parecía más débil. El Señor General Páez que mandaba la 1ra 
 División, ejecutó el movimiento con una increíble celeridad, despreciando l
 os fuegos de la artillería enemiga, pero era imposible impedir que el enemi
 go no corriera a disputarnos la salida a la llanura.\n  Debíamos desfilar p
 or segunda vez, para atravesar un riachuelo que separaba la colina, en que 
 había desplegado el Ejército y la que dominaba el enemigo; siendo plana la 
 cumbre de ésta, daba al enemigo la ventaja de moverse fácilmente y de ocurr
 ir a todas partes. Así fue que a pesar de la sorpresa que causó al Ejército
  Es­pañol nuestro movimiento, pudieran algunos de sus cuerpos llegar a tiem
 po que empezaba el batallón de Apure a pasar el desfiladero. Allí se rompió
  el fuego de infantería sostenido vigorosamente por ambas partes. El batall
 ón de Apure que logró al fin pasar, no pudo resistir solo la carga que le d
 ieron. Ya plegaba, cuando llegó en su auxilio el batallón Británico que le 
 seguía. El enemigo había em­peñado en el combate cuatro de sus mejores bata
 llones contra uno solo del Ejército Libertador, y se lisonjeaba de obtener 
 con todos nuestros cuerpos el mismo suceso que con el primero que había con
 tenido. La firmeza del batallón Británico para sufrir los fuegos hasta que 
 se formó; la intrepidez con que cargó a la bayoneta, sos­tenido por el bata
 llón de Apure que se había rehecho y por dos compañías del de Tiradores, qu
 e oportunamente condujo al fuego su Comandante, el Teniente Coronel Heras, 
 decidieron la batalla. El enemigo cedía el terreno aunque sin cesar sus fue
 gos. Nuestros batallones avanzaban y apoyados por [Escuadrón Sagrado y] [7]
  el Escuadrón del Regimiento de Honor [del Señor Coronel Muñoz] [8] del Gen
 eral Páez y del Estado Mayor de este General, desalojaron completamente al 
 enemigo de la altura. El Ejército pasaba rápidamente el desfiladero por dos
  estrechas sendas; y el enemigo, aun­que desalojado de su primera posición,
  había podido rehacerse, y procuró aprovechar el momento de hacer una nueva
  carga con su caballería, mientras que nuestros piquetes de esta arma, que 
 ha­bían pasado, proseguían y despedazaban a sus batallones que huían. Algun
 os de nuestros piquetes de Caballería del ler. Escuadrón del Regimiento de 
 Honor [del Escuadrón Sagrado] [9] y el Escuadrón Mayor, del Señor General P
 áez, se reunieron en número de 80 a 100 hombres, y ellos solos bastaron par
 a rechazar y poner en derrota toda la columna de caballería enemiga. Desde 
 este momento el triunfo quedó completo. El enemigo no pensó sino en huir y 
 salvarse. Nuestra caballería [lo persiguió con un vigor extraordina­rio y] 
 [10] que sucesivamente iba recibiendo refuerzos de todos los Escuadrones qu
 e pasaban el desfiladero, hizo la persecución con un vigor extraordinario. 
 Batallones enteros se tomaron prisioneros, otros, arrojando sus armas, se d
 ispararon disueltos por los bosques. [Nad. No habría salido un solo nombre]
  [11].\n  Los dos batallones [del] [12] enemigos [no habían entrado aún en 
 combate pretendieron retirarse del campo y arriesg] [13] que habían quedado
  cubriendo el camino principal de San Carlos, flanqueándolo por la derecha,
  no entraron en combate y pretendieron reti­rarse del campo en masa. Nuestr
 a caballería procuró entretenerlos mientras salía la infantería, pero no lo
 gró sino obligarlos a que precipitaran la retirada, y aprehendieron algunos
  hombres que se dispersaban. Hasta las inmediaciones de Valencia vino el ej
 ército persiguiendo la columna; fue en esta operación donde el ardor de nue
 stros Jefes y oficiales de caballería hizo sensible nuestra pérdida.\n  Com
 o nuestra infantería, estropeada con las largas marchas que había hecho dur
 ante la campaña, no podía sostener el paso de trote que llevó el enemigo po
 r seis leguas, nuestra caballería se empeñó en entretenerlo para dar tiempo
  a que llegaran algunos batallones. A veces las escaramuzas se convertían e
 n cargas [en estas, ellas perecerían] [14] que aunque costaron bastante al 
 enemigo, causaron a la República el gran dolor de perder a uno de sus más e
 sclareci­dos Generales y el bravo Teniente Coronel Mellao, que mandaba los 
 Dragones de la Guardia. La columna enemiga se había defen­dido valientement
 e, a pesar de que se había disminuido mucho. S.E. [resolvió] [15] temió que
  si entraba a Valencia no era posible impedirle el paso a Puerto Cabello, y
  a una legua de aquella ciu­dad hizo que los batallones Rifles y Granaderos
  de la Guardia mon­tasen a caballo y fuesen al galope en su alcance. [Pero 
 antes] [16] el día antes de la batalla había marchado [solo con dos] [17] e
 l Coronel Español Tello con dos batallones, Navarra y Barinas, a reforzar a
  San Felipe, ignorando el enemigo que la co­lumna del Señor Coronel Carrill
 o la había ocupado ya. S.E. des­tacó del Tocuyito al Teniente Coronel Heras
  con tres batallones a tomar la espalda de Tello, y cooperar a batirlo con 
 el Señor Coronel Carrillo. Aún no se sabe el resultado final de esta operac
 ión, que tal vez quede sin efecto porque Tello emprendió su retirada sobre 
 Puerto Cabello antes que nuestras tropas lo avistasen.\n  Al amanecer del 2
 5 marchó el Señor Coronel Rangel a estable­cer el bloqueo de Puerto Cabello
 , y desde el 26 quedó formada la línea de simple bloqueo porque era preciso
  aguardar el comple­mento de nuestras operaciones para estrecharla y formar
 la de sitio. Por la tarde del 25, después de haber arreglado [S.E.] [18] el
  Gobierno de Valencia, organizado de nuevo el ejército, [marcha sobre esta 
 capital con tres batallones de la Guardia] [19] y destacado algunos cuerpos
  sobre Calabozo y el Pao a perseguir los dispersos que hubiesen tomado aque
 llas direcciones, marchó S.E. sobre esta capital con tres batallones de su 
 Guardia y el regimiento de honor del Señor General Páez. Su objeto era toma
 r la espalda de la divi­sión con que el Coronel Español Pereira [que se hab
 ía alejado de que] [20] perseguía al Señor General Bermúdez sobre los Valle
 s del Tuy. No me es posible informar aún a V.E. de los prodigios que este c
 élebre General ha obrado con una pequeña división por esta parte en cumplim
 iento de las órdenes que tenía. Baste decir a S.E. que los pueblos y el ene
 migo están asombrados [al verle obrar con tanto valor y audacia como] [21] 
 y no alcanzan a expresar toda su admiración, ni decidir si han sido mayores
  su valor y su audacia o su prudencia y habilidad. Esperamos por momentos s
 u arribo a esta ciudad y entonces, impuesto detenidamente de sus operacione
 s, tendré la satisfacción de comunicarlas a S.E.\n  El Coronel Pereira, al 
 saber la derrota del ejército Español, replegó sobre esta capital, y envió 
 una partida de Húsares [sobre San Pedro a saber nuestra] [22] sobre los Val
 les de Aragua, a saber nues­tra situación. La partida fue sorprendida y apr
 esada por un piquete de lanceros del Regimiento de Honor que se había adela
 ntado ya de San Pedro. Pereira se retiró, sin esperar más resultado, sobre 
 La Guaira, pero [informado] [23] sabiendo en el tránsito que no había en aq
 uel puerto buques en qué embarcarse, convirtió su marcha ha­cia Carayaca, b
 uscando algún camino que lo conduzca a Puerto Cabello por la Costa. No habi
 endo hallado ninguno, ha emprendido su retirada por los montes elevados y e
 spesos bosques que dividen del Mar a los Valles de Aragua. El Señor Coronel
  Manrique con dos batallones y un trozo de caballería había ido a buscarlo 
 a Ca­rayaca, pero [informado] [24] instruido de la dirección que lleva, se 
 ha puesto en su persecución. El Coronel Arguindegui quedó en los Valles de 
 Aragua con su batallón para cortar a Pereira por cual­quiera [de las direcc
 iones] [25] vía que tome, bien sea por la Costa o por la [cerritos, o por l
 a] [26] vivas. Hasta las doce de la noche no cesó de renovarse el concurso 
 en la casa [donde S.E.] [27] [Al fin que fue preciso despedir y prohibir qu
 e entrasen más] [28]. Fue preciso cerrar al fin para poderse ocupar S.E. de
  algunos nego­cios importantes. Al amanecer se ha repetido la escena de la 
 noche y ha continuado por todo el día.\n  El Edecán Ibarra marchó esta maña
 na a apoderarse de La Guaira que está evacuada, y ha participado ya su entr
 ada allí sin novedad.\n  V.E. extrañará que no haya recomendado particularm
 ente a ningún Jefe ni oficial en la batalla, [El temor de ofender a alguno 
 me obliga a. La satisfacción de que todos] [29] porque sería necesario inse
 rtar en esta parte los nombres de todo el ejército, por lo me­nos los de to
 da la primera División y de todos los Jefes de las otras. Generales, Jefes,
  oficiales y tropa, todos indistintamente se han manifestado, en este memor
 able día, dignos defensores de la República.\n  Dios guarde, &amp;.\n  [PED
 RO BRICEÑO MÉNDEZ]\n     Publicado por AiSUR\n
X-ALT-DESC;FMTTYPE=text/html:<p>La batalla de Carabobo fue una de las principales acciones militares de 
 la Guerra de Independencia de Venezuela que se llevó a cabo en el Campo de 
 Carabobo el 24 de junio de 1821, por parte del ejército patriota contra el 
 ejército real del imperio español, y reconocida por sellar el proceso emanc
 ipador venezolano, reafirmado con la expulsión definitiva de las tropas esp
 añolas en la posterior Batalla Naval del Lago de Maracaibo.</p>  <p><span c
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 x;margin:0px;">Oleo, BatallaCarabobo. Martin Tovar y Tovar</span></span></s
 pan></p>  <p>PARTE DE LA BATALLA DE CARABOBO</p>  <p>POR SIMÓN BOLÍVAR</p> 
  <p>(25 de junio de 1821)</p>  <p>&nbsp;</p>  <p>Al Excelentísimo señor Vic
 epresidente de Nueva Granada.</p>  <p>Ayer se ha confirmado con una esplénd
 ida victoria el nacimiento político la República de Colombia.</p>  <p>Reuni
 das las divisiones del Ejército Libertador en los campos Tinaquillo el 23, 
 marchamos ayer por la mañana sobre el Cuartel General enemigo situado en Ca
 rabobo, en el orden siguiente: La primera división, compuesta del bravo bat
 allón Británico, del Bravo de Apure y 1.500 caballos a las órdenes del seño
 r general Páez. La segunda, compuesta de la segunda brigada de La Guardia c
 on los batallones Tiradores, Boyacá y Vargas, y el Escuadrón Sagrado que ma
 nda el impertérrito coronel Aramendi a las órdenes del señor general Cedeño
 . La tercera, compuesta de la primera brigada de La Guardia con los batallo
 nes Rifles, Granaderos, Vencedor de Boyacá, Anzoátegui y el regimiento de c
 aballería del intrépido coronel Rondón, a las órdenes del señor coronel Pla
 za.</p>  <p>Nuestra marcha por los montes y desfiladeros que nos separaban 
 del campo enemigo fue rápida y ordenada. A las 11 de la mañana desfilamos p
 or nuestra izquierda al frente del ejército enemigo bajo sus fuegos; atrave
 samos un riachuelo, que sólo daba frente para un hombre, a presencia de un 
 ejército que bien colocado en una altura inaccesible y plana, nos dominaba 
 y nos cruzaba con todos sus fuegos.</p>  <p>El bizarro general Páez a la ca
 beza de los dos batallones de su división y del regimiento de caballería de
 l valiente coronel Muñoz, marchó con tal intrepidez sobre la derecha del en
 emigo que en media hora todo él fue envuelto y cortado. Nada hará jamás bas
 tante honor al valor de estas tropas. El batallón Británico mandado por el 
 benemérito coronel Farriar pudo aún distinguirse entre tantos valientes y t
 uvo una gran pérdida de oficiales.</p>  <p>La conducta del general Páez en 
 la última y en la más gloriosa victoria de Colombia lo ha hecho acreedor al
  último rango en la milicia, y yo, en nombre del Congreso, le he ofrecido e
 n el campo de batalla el empleo de General en Jefe de ejército.</p>  <p>De 
 la segunda división no entró en acción más que una parte del batallón de Ti
 radores de La Guardia que manda el benemérito comandante Heras. Pero su gen
 eral, desesperado de no poder entrar en la batalla con toda su división por
  los obstáculos del terreno, dio solo contra una masa de infantería y murió
  en medio de ella del modo heroico que merecía terminar la noble carrera de
 l bravo de los bravos de Colombia. La República ha perdido en el general Ce
 deño un grande apoyo en paz o en guerra; ninguno más valiente que él, ningu
 no más obediente al Gobierno. Yo recomiendo las cenizas de este General al 
 Congreso Soberano para que se le tributen los honores de un triunfo solemne
 . Igual dolor sufre la República con la muerte del intrepidísimo coronel Pl
 aza que, lleno de un entusiasmo sin ejemplo, se precipitó sobre un batallón
  enemigo a rendirlo. El coronel Plaza es acreedor a las lágrimas de Colombi
 a y a que el Congreso le conceda los honores de un heroísmo eminente.</p>  
 <p>Disperso el ejército enemigo, el ardor de nuestros jefes y oficiales en 
 perseguirlo fue tal que tuvimos una gran pérdida en esta alta clase del ejé
 rcito. El boletín dará el nombre de estos ilustres.</p>  <p>El ejército esp
 añol pasaba de seis mil hombres, compuesto de todo lo mejor de las expedici
 ones pacificadoras. Este ejército ha dejado de serlo. Cuatrocientos hombres
  habrán entrado hoy a Puerto Cabello.</p>  <p>El Ejército Libertador tenía 
 igual fuerza que el enemigo, pero no más que una quinta parte de él ha deci
 dido la batalla. Nuestra pérdida no es sino dolorosa: apenas 200 muertos y 
 heridos.</p>  <p>El coronel Rangel, que hizo como siempre prodigios, ha mar
 chado hoy a establecer la línea contra Puerto Cabello.</p>  <p>Acepte el Co
 ngreso Soberano en nombre de los bravos que tengo la honra de mandar, el ho
 menaje de un ejército rendido, el más grande y más hermoso que ha hecho arm
 as en Colombia en un campo de batalla.</p>  <p>Tengo el honor de ser con la
  más alta consideración, de V. E. atento, humilde servidor</p>  <p>&nbsp;</
 p>  <p>PARTE CIRCUNSTAN&shy;CIADO DE LA BATALLA DE CARABOBO, DE LOS SUCESOS
  MILI&shy;TARES POSTERIORES AL 24 DE JUNIO HASTA LA ENTRADA DEL LIBERTADOR 
 EN CARACAS EL 29 DE JUNIO, EN COMPAÑÍA DE PAEZ Y LA PARTIDA DEL EDECÁN DIEG
 O IBARRA PARA APO&shy;DERARSE DE LA GUAIRA.</p>  <p>Por el Ministro de Defe
 nsa de Colombia Pedro Briceño Mendez</p>  <p>Caracas, junto 30 de 1821.</p>
   <p>A S.E. el Vicepresidente interino de la República.</p>  <p>Desde el To
 cuyito tuve la satisfacción de participar por una circu&shy;lar la gloriosa
  victoria de Carabobo, y previne se trasmitiera a V.E. tan plausible notici
 a. Las rápidas marchas que ha hecho S.E. y la multitud de atenciones de que
  he estado rodeado, me habían impedido hasta ahora cumplir con el agradable
  deber de dar a V.E. algunos detalles sobre aquella célebre jornada y las o
 peraciones posteriores del Ejército.</p>  <p>El enemigo, concentrado en Car
 abobo desde que fue expulsado de San Carlos, extendía sus partidas de obser
 vaciones hasta el Tinaquillo, lo que le daba la ventaja de saber muy antici
 padamente nuestra aproximación, que deseaba V.E. ocultarle para [que no tuv
 iere] [1] no darle tiempo de reunir las fuerzas que el Señor Ge&shy;neral B
 ermúdez había atraído sobre Caracas, y el Señor Coronel Carrillo sobre San 
 Felipe. Con este intento marchó el Teniente Co&shy;ronel Silva el 19 con su
  destacamento a sorprender y a apresar la descubierta que diariamente hacía
  el enemigo hasta el Tinaquillo.</p>  <p>El Comandante Silva llenó tan comp
 letamente su comisión que apenas pudo escapar un soldado de los que formaba
 n la descubierta enemiga. El Comandante de ella y cuatro hombres más, murie
 ron en el acto, los demás quedaron prisioneros. Este suceso aterró de tal m
 odo al enemigo que hizo retirar inmediatamente un fuerte destacamento con q
 ue cubría el inaccesible desfiladero de Buena Vista.</p>  <p>El 23 [sí fue 
 posible reunir todo el ejército porque la División Urdaneta] [2] se reunió 
 en la marcha todo el ejército que se había movido en divisiones, y al amane
 cer el 24 nuestra Vanguardia se apoderó de Buena Vista, distante una hora d
 e Carabobo. De allí observamos [y fue cierto] [3] que el enemigo estaba pre
 parado al combate [la orden de batalla] [4] formado en seis fuertes Columna
 s de Infantería y tres de caballería, situadas de manera que enteramente se
  sostenían para impedir nuestra salida a la llanura. El ca&shy;mino estrech
 o que llevábamos no permitía otro frente que [el de dos hombres] [5] para d
 esfilar, y el enemigo no solamente defendía la salida al llano, sino que do
 minaba perfectamente el desfiladero con su artillería, con una columna de i
 nfantería que cubría la salida y dos que la flanqueaba por derecha e izquie
 rda. Reconocida la posición, S.E. creyó que no era abordable; observando po
 r la colo&shy;cación del Ejército Español, que éste no temía el ataque sino
  por el camino principal de San Carlos, o por el del Pao, que daba a su izq
 uierda, dispuso que el Ejército, [por una marcha rápida] [6] con&shy;virtie
 se su marcha rápidamente sobre nuestra izquierda, flanqueando al enemigo po
 r su derecha que parecía más débil. El Señor General Páez que mandaba la 1r
 a División, ejecutó el movimiento con una increíble celeridad, despreciando
  los fuegos de la artillería enemiga, pero era imposible impedir que el ene
 migo no corriera a disputarnos la salida a la llanura.</p>  <p>Debíamos des
 filar por segunda vez, para atravesar un riachuelo que separaba la colina, 
 en que había desplegado el Ejército y la que dominaba el enemigo; siendo pl
 ana la cumbre de ésta, daba al enemigo la ventaja de moverse fácilmente y d
 e ocurrir a todas partes. Así fue que a pesar de la sorpresa que causó al E
 jército Es&shy;pañol nuestro movimiento, pudieran algunos de sus cuerpos ll
 egar a tiempo que empezaba el batallón de Apure a pasar el desfiladero. All
 í se rompió el fuego de infantería sostenido vigorosamente por ambas partes
 . El batallón de Apure que logró al fin pasar, no pudo resistir solo la car
 ga que le dieron. Ya plegaba, cuando llegó en su auxilio el batallón Britán
 ico que le seguía. El enemigo había em&shy;peñado en el combate cuatro de s
 us mejores batallones contra uno solo del Ejército Libertador, y se lisonje
 aba de obtener con todos nuestros cuerpos el mismo suceso que con el primer
 o que había contenido. La firmeza del batallón Británico para sufrir los fu
 egos hasta que se formó; la intrepidez con que cargó a la bayoneta, sos&shy
 ;tenido por el batallón de Apure que se había rehecho y por dos compañías d
 el de Tiradores, que oportunamente condujo al fuego su Comandante, el Tenie
 nte Coronel Heras, decidieron la batalla. El enemigo cedía el terreno aunqu
 e sin cesar sus fuegos. Nuestros batallones avanzaban y apoyados por [Escua
 drón Sagrado y] [7] el Escuadrón del Regimiento de Honor [del Señor Coronel
  Muñoz] [8] del General Páez y del Estado Mayor de este General, desalojaro
 n completamente al enemigo de la altura. El Ejército pasaba rápidamente el 
 desfiladero por dos estrechas sendas; y el enemigo, aun&shy;que desalojado 
 de su primera posición, había podido rehacerse, y procuró aprovechar el mom
 ento de hacer una nueva carga con su caballería, mientras que nuestros piqu
 etes de esta arma, que ha&shy;bían pasado, proseguían y despedazaban a sus 
 batallones que huían. Algunos de nuestros piquetes de Caballería del ler. E
 scuadrón del Regimiento de Honor [del Escuadrón Sagrado] [9] y el Escuadrón
  Mayor, del Señor General Páez, se reunieron en número de 80 a 100 hombres,
  y ellos solos bastaron para rechazar y poner en derrota toda la columna de
  caballería enemiga. Desde este momento el triunfo quedó completo. El enemi
 go no pensó sino en huir y salvarse. Nuestra caballería [lo persiguió con u
 n vigor extraordina&shy;rio y] [10] que sucesivamente iba recibiendo refuer
 zos de todos los Escuadrones que pasaban el desfiladero, hizo la persecució
 n con un vigor extraordinario. Batallones enteros se tomaron prisioneros, o
 tros, arrojando sus armas, se dispararon disueltos por los bosques. [Nad. N
 o habría salido un solo nombre] [11].</p>  <p>Los dos batallones [del] [12]
  enemigos [no habían entrado aún en combate pretendieron retirarse del camp
 o y arriesg] [13] que habían quedado cubriendo el camino principal de San C
 arlos, flanqueándolo por la derecha, no entraron en combate y pretendieron 
 reti&shy;rarse del campo en masa. Nuestra caballería procuró entretenerlos 
 mientras salía la infantería, pero no logró sino obligarlos a que precipita
 ran la retirada, y aprehendieron algunos hombres que se dispersaban. Hasta 
 las inmediaciones de Valencia vino el ejército persiguiendo la columna; fue
  en esta operación donde el ardor de nuestros Jefes y oficiales de caballer
 ía hizo sensible nuestra pérdida.</p>  <p>Como nuestra infantería, estropea
 da con las largas marchas que había hecho durante la campaña, no podía sost
 ener el paso de trote que llevó el enemigo por seis leguas, nuestra caballe
 ría se empeñó en entretenerlo para dar tiempo a que llegaran algunos batall
 ones. A veces las escaramuzas se convertían en cargas [en estas, ellas pere
 cerían] [14] que aunque costaron bastante al enemigo, causaron a la Repúbli
 ca el gran dolor de perder a uno de sus más esclareci&shy;dos Generales y e
 l bravo Teniente Coronel Mellao, que mandaba los Dragones de la Guardia. La
  columna enemiga se había defen&shy;dido valientemente, a pesar de que se h
 abía disminuido mucho. S.E. [resolvió] [15] temió que si entraba a Valencia
  no era posible impedirle el paso a Puerto Cabello, y a una legua de aquell
 a ciu&shy;dad hizo que los batallones Rifles y Granaderos de la Guardia mon
 &shy;tasen a caballo y fuesen al galope en su alcance. [Pero antes] [16] el
  día antes de la batalla había marchado [solo con dos] [17] el Coronel Espa
 ñol Tello con dos batallones, Navarra y Barinas, a reforzar a San Felipe, i
 gnorando el enemigo que la co&shy;lumna del Señor Coronel Carrillo la había
  ocupado ya. S.E. des&shy;tacó del Tocuyito al Teniente Coronel Heras con t
 res batallones a tomar la espalda de Tello, y cooperar a batirlo con el Señ
 or Coronel Carrillo. Aún no se sabe el resultado final de esta operación, q
 ue tal vez quede sin efecto porque Tello emprendió su retirada sobre Puerto
  Cabello antes que nuestras tropas lo avistasen.</p>  <p>Al amanecer del 25
  marchó el Señor Coronel Rangel a estable&shy;cer el bloqueo de Puerto Cabe
 llo, y desde el 26 quedó formada la línea de simple bloqueo porque era prec
 iso aguardar el comple&shy;mento de nuestras operaciones para estrecharla y
  formarla de sitio. Por la tarde del 25, después de haber arreglado [S.E.] 
 [18] el Gobierno de Valencia, organizado de nuevo el ejército, [marcha sobr
 e esta capital con tres batallones de la Guardia] [19] y destacado algunos 
 cuerpos sobre Calabozo y el Pao a perseguir los dispersos que hubiesen toma
 do aquellas direcciones, marchó S.E. sobre esta capital con tres batallones
  de su Guardia y el regimiento de honor del Señor General Páez. Su objeto e
 ra tomar la espalda de la divi&shy;sión con que el Coronel Español Pereira 
 [que se había alejado de que] [20] perseguía al Señor General Bermúdez sobr
 e los Valles del Tuy. No me es posible informar aún a V.E. de los prodigios
  que este célebre General ha obrado con una pequeña división por esta parte
  en cumplimiento de las órdenes que tenía. Baste decir a S.E. que los puebl
 os y el enemigo están asombrados [al verle obrar con tanto valor y audacia 
 como] [21] y no alcanzan a expresar toda su admiración, ni decidir si han s
 ido mayores su valor y su audacia o su prudencia y habilidad. Esperamos por
  momentos su arribo a esta ciudad y entonces, impuesto detenidamente de sus
  operaciones, tendré la satisfacción de comunicarlas a S.E.</p>  <p>El Coro
 nel Pereira, al saber la derrota del ejército Español, replegó sobre esta c
 apital, y envió una partida de Húsares [sobre San Pedro a saber nuestra] [2
 2] sobre los Valles de Aragua, a saber nues&shy;tra situación. La partida f
 ue sorprendida y apresada por un piquete de lanceros del Regimiento de Hono
 r que se había adelantado ya de San Pedro. Pereira se retiró, sin esperar m
 ás resultado, sobre La Guaira, pero [informado] [23] sabiendo en el tránsit
 o que no había en aquel puerto buques en qué embarcarse, convirtió su march
 a ha&shy;cia Carayaca, buscando algún camino que lo conduzca a Puerto Cabel
 lo por la Costa. No habiendo hallado ninguno, ha emprendido su retirada por
  los montes elevados y espesos bosques que dividen del Mar a los Valles de 
 Aragua. El Señor Coronel Manrique con dos batallones y un trozo de caballer
 ía había ido a buscarlo a Ca&shy;rayaca, pero [informado] [24] instruido de
  la dirección que lleva, se ha puesto en su persecución. El Coronel Arguind
 egui quedó en los Valles de Aragua con su batallón para cortar a Pereira po
 r cual&shy;quiera [de las direcciones] [25] vía que tome, bien sea por la C
 osta o por la [cerritos, o por la] [26] vivas. Hasta las doce de la noche n
 o cesó de renovarse el concurso en la casa [donde S.E.] [27] [Al fin que fu
 e preciso despedir y prohibir que entrasen más] [28]. Fue preciso cerrar al
  fin para poderse ocupar S.E. de algunos nego&shy;cios importantes. Al aman
 ecer se ha repetido la escena de la noche y ha continuado por todo el día.<
 /p>  <p>El Edecán Ibarra marchó esta mañana a apoderarse de La Guaira que e
 stá evacuada, y ha participado ya su entrada allí sin novedad.</p>  <p>V.E.
  extrañará que no haya recomendado particularmente a ningún Jefe ni oficial
  en la batalla, [El temor de ofender a alguno me obliga a. La satisfacción 
 de que todos] [29] porque sería necesario insertar en esta parte los nombre
 s de todo el ejército, por lo me&shy;nos los de toda la primera División y 
 de todos los Jefes de las otras. Generales, Jefes, oficiales y tropa, todos
  indistintamente se han manifestado, en este memorable día, dignos defensor
 es de la República.</p>  <p>Dios guarde, &amp;.</p>  <p>[PEDRO BRICEÑO MÉND
 EZ]</p>  <hr />  <p>&nbsp;Publicado por AiSUR</p>
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