Haití y el FMI

Haití y el Fondo Monetario InternacionalHaití y el Fondo Monetario Internacional

El pueblo de Haití a principio del mes de julio salió a las calles a decirle NO a los ajustes exigidos por el Fondo Monetario Internacional (FMI), debido a que tales medidas significaban el aumento de la gasolina, el petróleo y el kerosene. Es necesario mencionar que una gran mayoría del pueblo haitiano necesita productos como el kerosen para cocinar y lámparas, ya que son muchos los sectores, hasta departamentos enteros, que no tienen electricidad, y los que tienen el servicio es muy irregular.  

Además, recientemente fueron suspendidos programas sociales como la entrega de paquetes económicos, cantinas móviles anunciado por el Fondo para la Asistencia Económica y Social (FAES), que al mismo tiempo se suman a las ambivalencias políticas tras la renuncia del primer ministro. Estos eventos no son neutros,  tienen su raíz, aunque había aparentemente una calma en las calles, la base de la reciente inestabilidad política y social, se agudizó cuando el pueblo salió a la calle y al cabo de menos de una semana se habían levantado protestas en casi todo los rincones de éste país caribeño. 

Esta realidad que vive la primera república de nuestro continente, obedece a diferentes factores, por un lado está el FMI y la pleitesía que le guarda el gobierno de Haití, a lo que se agrega el problema estructural de la sociedad haitiana. Ante esta situación nos preguntamos ¿qué necesita Haití para poder salir de la crisis económica y social en que les han sumido? 

Primero que nada hay que reconocer que este hermano país ha sido empobrecido por las potencias occidentales que han saqueado sus recursos naturales, esto parte una vez que se atrevió a desafiar y derrotar el sistema económico, esclavista y racista impuesto por la colonización francesa. Empero, otra forma de dominio tenía su advenimiento con Estados Unidos, y su visión de “América para los Americanos” impuesto en nuestra América por la doctrina Monroe, además de nunca haber salido de la escena política Francia, se suma la presencia de Canadá a través de las ONG´s y la decisión de las Naciones Unidas de intervenir militarmente con la llamada MINUSTAH hoy MINUSJUSH. 

A partir de 1806, después de la muerte de Jean Jacques Dessalines, Haití ha sido invadida militarmente en diferentes momentos de su proceso histórico, aunado a esto, el tutelaje político en la contemporaneidad por parte de actores ya mencionados, que no han permitido el desarrollo político y económico del país, lo cual tiene su consecuencia en la ausencia de una unidad nacional revolucionaria, como una vez la tuvo para lograr su independencia en 1804.

Ahora bien, la vía que el actual gobierno de Haití ha asumido para tratar de levantar la economía es a través de planes consensuados con el FMI. No es la primera vez que gobiernos de Haití pro estadounidenses, han asumido aplicar las recetas del FMI, se debe destacar que en la década del 70 del siglo pasado, por seguir incondicionalmente los dictados de esta organización, al decidir importar arroz desde Estados Unidos, se causó la quiebra de los productores nacionales de este rubro. El arroz es un producto de consumo de primera necesidad y es importado en un 90% siendo el 5to país al cual Estados Unidos dirige su exportación de arroz.   

En este sentido, principalmente a partir de los años ochenta hasta hoy, Haití se ha visto sumida en crisis cíclicas debido a las políticas impuestas por el BM y el FMI, presiones que sin duda condujeron a la destrucción de la producción agropecuaria en este país: “La apertura de los puertos provinciales y la reducción arancelaria (que pasan del 30 al 10% en los años 80), la eliminación de los impuestos a la importación y licencias de importaciones, se inicia a instancias del BM y la Agencia de Desarrollo de los Estados Unidos USAID, quienes para esa época iniciaron una publicitada estrategia de desarrollo conjunta para Haití, basada en las cadenas de montaje y la exportación agrícola, que auguraba la conversión de la economía haitiana en el Taiwán del Caribe”(Galvan 2008).

Un ejemplo concreto de las medidas aplicadas por el FMI se reflejan en Haití, donde “en 1995, como condición previa para otorgar un préstamo desesperadamente necesitado, el FMI exigió que Haití redujera su arancel para el arroz importado de un 35% a un 3%, el más bajo en el Caribe”. (Ian Angus, 2008). Como consecuencia de esta decisión el arroz barato proveniente de Estados Unidos invadió el mercado haitiano, obligando a muchos productores arroceros a abandonar sus tierras y medios de existencia, “En la actualidad tres cuartos del arroz comido en Haití proviene de EE.UU”. (ídem.)

A partir de 1995 es cuando se afianza la liberación económica y con él la desnacionalización de la economía, condujo a una disminución significativa de la producción agrícola en productos de primera necesidad, dependencia absoluta en ciertos rubros como el arroz,  importado de los EE UU y Haití quedo produciendo sólo el 18% del consumo nacional (Galvan 2008). Estos hechos contribuyeron al monopolio del mercado por parte de las empresas transnacionales de la alimentación, las cuales han cuadriplicaron el precio del arroz haciendo casi imposible que los sectores más pobres puedan adquirirlo (Gutiérrez, 2007).

Bajo esta línea argumentativa es definitivo que el FMI tiene claro cómo reproducir y mantener el sistema capitalista, sin embargo, es necesario desenmascarar el doble discurso de esta institución, ya que mientras por un lado plantean  disminuir la desigualdad social, como la expresa Christine Lagarde (Directora-Gerente del FMI), por otro lado la realidad es totalmente diferente porque es precisamente la desigualdad lo que va en aumento, gracias a las medidas impuestas por ellos, que no asumen, ni reconocen las contradicciones de sus políticas. No son precisamente ejemplos de igualdad la historia conocida de los paquetes económicos impuestos en la década de los 80 y 90 del siglo pasado a países como Bolivia, Ecuador, Venezuela y Argentina, este última país hoy repite la misma historia.

El objetivo fundamental del FMI es el interés de garantizar la estabilidad del sistema monetario internacional, que se traduce en la permanencia del sistema liberal capitalista, igualmente asegura el sistema de cambios y pagos internacionales, y cuando estos elementos sufren alteraciones negativas, entonces realizan “sugerencias” de cambios estructurales para “sanear” las economías, como ofrecer préstamos, a cambio de la aceptación de ajustes económicos como es el caso de privatización de la empresas públicas, despido masivos de empleados públicos, devaluación monetaria y recortes a los subsidios de los servicios de primera necesidad.

Para las fechas del 3 al 15 de junio del año en curso, el FMI  envío a uno de sus representantes el Sr. Chris Walker, en visita a Haití con el objetivo, entre otros, de discutir sobre la primera revisión para el país caribeño, bajo su “Programa de Monitoreo de Personal” (SMP). Esta visita sirvió para dejar establecida las medidas que comenzarían a aplicar, como es el caso de la eliminación de los subsidios públicos a los productos petroleros, que permitirían una reducción al déficit fiscal; en este sentido, la gasolina aumentó en un 38%, el diesel en 47% y kerosene en 51% provocando finalmente una rebelión popular contra tales medidas, lo cual generó la derogación transitoria de este paquete económico y la renuncia del primer ministro. 

En declaraciones emitidas por el vocero del FMI señalan que las perspectiva de crecimiento económico a mediano plazo de Haití es positiva, debido al potencial de este país, eso sí, siempre y cuando implementen las reformas estructurales, que no son más que el paquete o receta que han mostrado una y otra vez el fracaso de estas recetas en nuestra América.

Estos programas siempre van en detrimento de las mayorías, pero para la lógica del capital y del FMI, todos estos cambios son “necesarios”, porque su fin último es el equilibrio financiero internacional, el resultado de tal equilibrio desde el concepto occidental-capitalista, viene sustentado en el subdesarrollo de los países del sur, para que prevalezca el desarrollo de las potencias capitalistas. Como dice la canción, todo  depende con el cristal que se mire y el cristal del FMI lamentablemente es uno muy distante al de los pueblos, que sufren sus recetas estructurales y esta vez se repite como un ciclo contra el pueblo haitiano.

El pueblo haitiano y sus líderes deben comprender que en la unión definitivamente está la fuerza; por esto es necesario que se envistan del espíritu de Jean Jacques Dessalines que logró la independencia, llenarse de la convicción Charmagne Peralt quien luchó contra la ocupación militar estadunidense en 1915 y se inunden de  la fuerza y valentía de Jean Bertrand Aristide que exigió reparaciones a su país por la esclavitud y sus consecuencias, en un momento en el que el imperialismo acababa con cualquier posibilidad de tendencia progresista. A manera de conclusión, debemos analizar y comprender que hoy existe una urgencia de elevar la conciencia de patria grande “sin romanticismo”, y recordar que Haití, esa primera República, es parte de esa gran patria que una vez soñó Tussaint Luverture.   


Fuentes Consultadas 

ANGUS, Ian (2008): Crisis alimentaria (I), en https://www.rebelion.org/noticia.php?id=67542, (recuperado 18-07-2008).

ANGUS, Ian (2008): Crisis alimentaria: el fracaso histórico de un modelo, en https://argentina.indymedia.org/news/2008/05/604045.php, (recuperado 10-09-2018).

GALVÁN, Hecmilio (2008): El espejo haitiano, en https://www.alainet.org/fr/node/127490 (recuperado 10-09-2018)

GUTIÉRREZ, José (2007): Ayití, entre la liberación y la ocupación, en https://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=4651&print_page=true, (recuperado 23-08-2018)


Por: Roraima Gutiérrez Moreno - Investigadora del Instituto de Investigaciones sobre África y su Diáspora 
Observatorio de medios del Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños 


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