El racismo develado en tiempos del COVID-19

 

“Lo peor de las pestes no es que mata a los cuerpos, sino que desnuda las almas

y ese espectáculo suele ser horroroso” Albert Camus en su libro La Peste (1947).

 

El COVID-19 implica mucho más que un problema de salud pública a escala mundial, se trata de un virus que nos está confrontando con el racismo, otra pandemia  que tiene siglos causando muerte y sufrimiento.  Este es un aspecto sobre el que nos conviene reflexionar para superar los análisis superficiales y desligarnos del trato que le han dado los medios de comunicación, que en su mayoría se han dedicado a explotar el tema desde la necrofilia y el pánico colectivo, al mejor estilo de Hollywood.   

Para empezar, es importante aclarar que el racismo que se ha develado en los últimos meses, no es consecuencia de la epidemia, sino el reflejo de un problema estructural que obedece a la ideología del racismo, que va más allá de un conjunto de prejuicios y abarca una concepción del mundo, movida por el deseo de ejercer poder mediante la imposición de un grupo de personas que asumen una supuesta superioridad hereditaria, sobre otro grupo de seres humanos considerados inferiores por sus características físicas y culturales. 

El racismo surge en el siglo XVIII, para convertirse en una estrategia que legitima la conquista, el saqueo, la esclavitud y el colonialismo en América, Asia y África, usada luego para afianzar y reproducir la supremacía blanca occidental. Es así, como el hombre blanco de occidente se posicionó en lo más alto de la escala social y colocó a los no blancos, y en especial a los africanos y africanas, en una condición de inhumanidad convirtiéndolos en fuerza de trabajo esclava, en cuerpos objeto de deseos, en mercancías y en todo aquello que puede ser violentado. 

La tendencia a discriminar, explotar y violentar a las personas por su color de piel y/o por su lugar de procedencia ha quedado plasmada en la historia de nuestras sociedades. Capitalismo y racismo han evolucionado juntos, y aunque desde el punto de vista científico se reconoció que entre los seres humanos no existen las razas y gracias a la lucha de distintos movimientos antirracistas a nivel mundial, empezó a tornarse políticamente incorrecto ejercer practicas abiertamente racistas, la discriminación racial continua siendo ampliamente utilizada por la burguesía reaccionaria y sigue desarrollando políticas que van en detrimento de un sector de la población y apuntan al exterminio de la “población excedente”. El racismo y el nacionalismo burgués, entre los cuales existe un lazo estrecho, tienden a explotar el miedo que genera este tipo de crisis para dar rienda suelta a prácticas autoritarias, racistas y xenófobas. 

En una sociedad hipócrita como la capitalista, se suelen evadir los temas que resultan incómodos, sin embargo, es innegable que el racismo como ideología y práctica social sistemática, esta incorporada en la cotidianidad, es decir, es parte del funcionamiento normal de la sociedad en la que estamos sumergidos. Por esto, no nos deben sorprender las distintas expresiones racistas que se han presentado desde el inicio de este nuevo tipo de virus en la ciudad de Wuhan, en China. Por ejemplo, la discriminación contra los asiáticos no es algo nuevo, sólo se ha exacerbado con el virus.

En medio de la emergencia sanitaria por la que atraviesa Europa, las respuestas en este particular no tardaron en aparecer como consecuencia de un racismo histórico contra el pueblo gitano, árabes, musulmanes, africanos y sus descendientes. La situación obligó a distintas organizaciones que luchan por los derechos de las personas migrantes y refugiadas en España, a declararse en emergencia antirracista, y exigir con carácter de urgencia la regularización extraordinaria y sin condiciones, de todas las personas migrantes y refugiadas ante los estragos causados por el Covid-19, demostrándose una vez más, el nivel de vulnerabilidad en el que se encuentran cuando pandemias como ésta, no hacen más que contribuir con la precarización de la vida de estas personas.

Al mismo tiempo, desde Francia surgieron planteamientos neocolonialistas expresados sin ningún tipo de recato en un canal de televisión, cuando dos médicos propusieron probar las vacunas contra el Covid-19 en el continente africano, ¿y cuál es la sorpresa?, si África ha sido el centro mundial de experimentos bioquímicos, las principales empresas farmacéuticas europeas y estadounidenses han  logrado ensayar con personas africanas enfermedades, para luego probar tratamientos y vacunas que les permiten obtener grandes ganancias, como es el caso del VIH, medicamentos contra la meningitis, el Ébola, entre otros. 

Desde la época de la colonización se viene usando a los africanos, africanas y a sus descendientes para experimentar. El origen de la ginecología moderna es una prueba de esto: el médico J. Marion Sims (1840) realizó sus ensayos en mujeres negras, esclavizadas, de las plantaciones de algodón en Alabama, EE.UU. que no dieron su consentimiento y fueron sometidas a operaciones sin anestesia. La India, el Sudeste asiático, y el Caribe también han servido como laboratorios de experimentación durante años. 

En EE.UU los hechos han demostrado que los afroamericanos, los latinos y los migrantes están sufriendo la pandemia por el nuevo coronavirus a un ritmo más rápido y de manera más dramática que las comunidades blancas. ¿Por qué nos sorprende que estas personas sean las que están muriendo en mayor porcentaje? si son las que históricamente han tenido más probabilidades de presentar problemas de salud por las condiciones de vida y el escaso acceso a servicios de salud. No podría ser de otra manera, en medio de una pandemia como esta. 

América Latina y el Caribe también han sacado a relucir el racismo que habita en sus países, así lo demuestra la campaña internacional de solidaridad con nuestrxas  Hemanxs Migrantes Bolivianos, víctimas de la irresponsabilidad del gobierno fascista y racista boliviano. Los pueblos afrodescendientes y aborígenes de Brasil, Honduras y Colombia, denunciaron el abandono institucional al que vienen siendo expuestos por las entidades del poder público de sus países, al no proveerles los alimentos de primera necesidad e insumos médicos necesarios en estos tiempos de emergencia sanitaria. En República Dominicana se evidencia una vez más el racismo hacia la población migrante dominico-haitiana, que no reciben ningún tipo de ayudas por parte del gobierno central durante el período de emergencia del coronavirus. Todas estas denuncias se suman a las condiciones de vulnerabilidad preexistentes de estas poblaciones. 

En tal sentido, se evidencian las precariedades comunes de un racismo estructural e institucional generalizado, el Covid-19 no ha hecho más que comprobar la marcada disparidad étnica y de clase de los países. Ya sabemos que el coronavirus no discrimina, pero ha quedado demostrado que su impacto no es igual para todos y todas, tampoco lo serán sus consecuencias, políticas, económicas y sociales. 

El Covid-19 es mucho más que una pandemia, es un volcán en erupción que está sacando a la superficie toda la basura que ha generado el perverso sistema capitalista, está dejando al descubierto las desigualdades entre los países y las personas, y esto es más aterrador que el mismo virus.


Por: Atahuanadi Sánchez Molina Socióloga, investigadora, Coordinadora del Diplomado en Saberes Africanos y miembra de la Secretaría del Cumbe Internacional Afrodescendiente y Africano. 

Fuente: ABP

Publicado por AiSUR


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