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Blog del Editor

La Primera Maestra de Simón Bolívar, antes que Rodríguez, Matea

SIMONCITO Hijo de Hiplita pupilo de mateaSIMONCITO Hijo de Hiplita pupilo de mateaCada 15 de enero en Venezuela se celebra el Día del Maestro (aunque la mayoría fuimos educados por maestras, a las que llamabos con respeto "señoritas"). En esta entrega presentamos una semblanza sobre Matea Bolívar "Negra Matea", la Primera Maestra del Niño SImón Bolívar.

Estas letras Fueron escritos para niños, niñas y adoslecentes, pero le van muy bien a los adultos mayores. Su contenido completo puede verse en nuestro libro sobre Hipólita, Matea y Simoncito cuyo link dejamos al final del presente artículo. Allí se testimonia la influencia de Matea como maestra de iniciación escolar en la formación del que se convirtió en el hombre más grande de América.  .

 

Hipólita la Madre ¿Y  Matea?

Matea, la maestra, la guariqueña, Matea Bolívar, descendiente de Ponte. Sí, de estar registrada pudo haber sido Matea Bolívar Ponte. Existe una carta de un señor Nicolás Ponte que compró su propia su libertad. ¡Sí! se podía comprar la libertad a muy alto costo, tan alto que era casi imposible.  Pero, Nicolás de Ponte, abuelo de Matea -según su testamento- lega su poca fortuna y bienes a sus nietos y entre la lista de bienes, citada en una carta por el Libertador SImón Bolívar, antes de emprender la lucha emancipadora, está la Negra Matea. En esa carta de Bolívar dirigida al Gobernador y Capitán General de la Provincia, menciona a Nicolás de Ponte. Tiene fecha 15 de marzo de 1809. Esta carta puede tomrse como la "partida de nacimiento" de Matea.

¿Por qué seleccionan a Matea para educar a Simoncito?

Al momento de nacer Simón, ya Matea contaba con unos nueve años. Nació, según su acta de defunción, el 21 de septiembre de 1763. Su existencia es muy fácil de comprobar por los numerosos tetimonios que dejaron los hijos, nietos y bisnietos de María Antonia Bolívar, a quienes ella acompañó toda su vida, cumpliendo la orden militar que le dio Bolívar, al caer la Segunda República" de custodiar a Maria Antonia.

Era típico que los “blancos”, además de una “negra” que le diera leche materna al niño, buscaran una para que se encargara de los cuidados y enseñanzas motrices como  caminar y hablar. Que mejor que una negrita despierta y vivaracha como Matea, que para entonces vivía en el Hato El Totumo, una inmensa propiedad de los Bolívar en San José de Tiznados.

Un testimonio familiar sobre Matea lo da Antonia Eteller Camacho Clemente y Bolívar, bis-sobrina del Libertador. Ella ecribió una breve biografía de la famosa “Negra Matea” Allí expresa que Matea siempre estuvo al lado de las hermanas y sobrinos del Libertador.. Siempre de guía amorosa y cuidadora. Antonia Eteller Camacho, poco recordada fue organizadora principal del Centenario de Simón Boíívar y  maestra normalista de gran constribcuion en el área educativa.

¿Qué edad tenía Matea cuando nació Simón?

Matea tenía solo nueve o diez años, por lo tanto no le dio teta, confusión que se mantuvo por mucho tiempo al creer que que Hipólita y Matea eran la misma persona. Algunos sostenían que no existió, que es imaginaria, que fue una creación de guzman Blanco para congraciarse con el sentimiento bolivariano. Cuando medio aceptan la existencia dicen que no podía darle leche materna porque era una niñita. Claro que no podía darle teta y nadie ha escrito que lo hizo. La lógica indica que fue una niña que fue escogida por una famlia acaudalada --los Bolívar Palacios-- para atender y jugar con el niño Simón, diez años menor que él: “Yo lo alzaba y jugaba con él”, testimonió la propia Matea. “Hipólita lo crió”, aclaró. Hacía el papel una hermanita mayor, de maestra de maternal.

Los mantuanos designaban muchachitas esclavizadas para que cuidaran a los infantes. Las niñeras debían tener ciertas características. Habilidad para enseñar a jugar, a correr, a hablar, a cantar, a contar, a nadar, que lo acompañará, y que por supuesto tuviera fuerza para alzarlo en brazos. Por lo tanto  tenía que ser una niña madura, de beun hablar para que los niños desarrollaran sus habilidades verbales, no menor de nueve años “con entendimiento y razón”. Los Bolívar-Palacios dijeron “allá en el Hato El Totumo, en San José de Tiznados, hay una muchachita avispadita que sabe cuentos de Tío Conejo, de Pedro Rimales, tiene una buena memoria, habla como una lora y es muy fuerte. Es de las biznietas del negro Nicolás”.

Ella fue, seguramente, la que cargó a Simón en la pila bautismal. Lo que si es cierto, comprobado, es que cuando Simón Bolívar tenía dos años ya Matea está con él y con los otros niños Bolívar: con Juana, María Antonia y Fernando,  junto con los pequeños infantes esclavizados. Esos niños jugaban en la cuadra llamada la “Cuadra de los esclavos” donde se recreaban los hijos de Hipólita y de otros esclavizados. Allí compartía Matea con los Bolívar Palacios.

Mientras que Hipólita observaba, cuidaba, hacía la merienda, estaba Matea sujetando de la mano a Simoncito  diciéndole:

—Camina Simoncito… Ven, ven mi niño Simón.

Simoncito cayéndose y ella levantándolo de inmediato, enseñándolo a dar pasitos, tomándole de las manos, repitiéndole palabras failiares.

— Di papá, di mamá… ma…má. ¿Cómo se llama esto? “granada”, gra…na… da  —Por el patio de granados que siempre estaban en flor.

—Aplaude Simoncito… Canta mi niño.

—Di caballo, ca-ba-llo. El caballo es blanco Simoncito.

Matea creciendo con Simón, con los bolivitas y otros niños, hijos de africanos. Hipólita y Matea cantándole las canciones que oyen en la cuadra de los esclavizados. Canciones libertarias, cantos espirituales en los que pedían la libertad. Eso se lo enseñaba Matea a Simón Bolívar e Hipólita, la madre de leche, reforzaba con s madurez aquellas aciones.

Un Simoncito preguntándole a Matea

— ¿Ustedes por qué están aquí?.  ¿Ustedes por qué no tienen hermanos, papá y mamá? 

Matea contando que todos los de la cuadra era sus hermanos y hermanas.

—Nosotras somos esclavas y tú no eres esclavo. Pero tú y tus hermanos son nuestra familia, y la gente que ves aquí somos parientes.

Simoncito preguntándose

— ¿Por qué yo soy libre y ellas no?

Que maduro Simoncito. A los doce años, cuando lo separan de su hermana María Antonia, cuestiona y reclama a los adultos:

— Si los esclavos pueden elegir el amo ¿Por qué yo no puedo elegir con quién estar?.

A los doce años Simón tenía esa conciencia de lo que era la esclavitud, del significado de la libertad. Cuando en 1815 en Haití, Alexander Pétion le dice: “Te voy a auxiliar y te voy a poner pertrechos de guerra, armamentos, barcos, hombres a cambio de que des libertad a los esclavos en tu país”, Bolívar ya había sido sensibilizado por aquellas mujeres negras en San Mateo, en Caracas, en Yare, en Tiznados.

Puede pensarse, por la connotaión de su estadía en Haití, que él liberó a los esclavizados en Carúpano porque es una promesa que le hizo a Pétion, pero Bolívar sabía lo que era la esclavitud porque veía a Matea, a Hipólita y a los otros esclavizados que estaban en su casa y adquirio conciencia de que la libertad es universal. Lo internalizó desde niño. Su ejército estaba compuesto mayoritariamente por negros, mestizos, afrodescendientes. Su decreto de abolición d la esclavitud fue una expresión de su educación integral desde Matea a Simón Rodríguez.

¿Qué como lo hizo? ¿Cómo le enseñaba?

Si uno les cuenta a ustedes un cuento de “Tío Tigre y Tío Conejo”. ¿Ese no es una lección de política? Tío Tigre era el malo, el jefe, el grande, el que estaba haciendo siempre la maldad. Y el conejo chiquito con sus mañas, pensando siempre cómo hacer para escapársele a Tío Tigre. ¿Y quién le contaba eso a Simoncito? Pues la pequeña Matea.

Le ponía esa cabeza a ese muchacho de "este tamaño" (grande de tanto pensar). Le contaba a Simoncito, a su niño Simón y le recreaba historias, con la espontaneidad de los copleros del llano.

—Cuéntame un cuento donde haya un hombre a caballo que le gana a los blancos que le pegan a los negros, Matea.

Y  de inmediato la cuentacuentos Matea se inventaba una historia donde el protagonista era Simoncito que montaba un caballo blanco por esos montes persiguiendo a los malvados y recibiendo vivas de la gente. Luego todos corrían en la cuadra, en San Mateo, o en Yare, o en Capaya o en el mismo Hato El Totumo, donde gustaban tanto pasear los Bolívar Palacios para bañarse en las esmeraldas aguas del río Tiznados. Hipólita, lo montaba con ella en un manso alazán, que muy pronto el propio muchacho, de apenas siete años, dominaría sin complejos.

Cuando yo les digo a ustedes que Matea lo enseñaba a caminar, a hablar ¿Quién hace eso? Una maestra de preescolar ¿Verdad? Por eso nosotros sostenemos sin titubeos que Matea fue la primera maestra  del Libertador Simón Bolívar, y con ella Hipólita, la madre solícita.

La insigne escritora venezolana Teresa de la Parra, en su obra “Influencia de las mujeres en la formación del alma americana”, se refiere a la relación de la maestra Matea con su pupilo Simoncito.

Desde su nodriza, la negra Matea, hasta Manuelita Sáenz, su último amor, Bolívar no puede moverse en la vida sin la imagen de una mujer que lo anime, lo consuele en sus grandes accesos de melancolía, y le preste sus ojos para mirar con ellos dentro de su propio genio. Huérfano desde muy niño es en los brazos de la esclava Matea donde Bolívar oye y mira por primera vez la honda poesía de la vida rural que es la faz más querida y noble de la Patria. Es en su hacienda de los Valles de Aragua, la hacienda típica criolla, la hacienda casi bíblica en donde los esclavos, prolongación de la familia, se llaman de apellido Bolívar o Palacios, del nombre del dueño que es el dios y el padre de todos. Al caer la tarde, terminado el trabajo del campo, Matea lleva a su niño Simón al repartimiento o patio de los esclavos. Allí bajo el propio cielo mientras cae la noche él oye cuentos de miedo con duendes y fuegos fatuos, que narra algún viejo negro. Los cuentos tienen casi siempre como tema los horribles crímenes del tirano Aguirre, el conquistador rebelde y bandido, cuya alma en pena vaga todavía en forma de lucecita que se apaga y se enciende mucho más grande que los cocuyos. Es una luz que camina.

Claro que hubo otros grandes. Rodríguez, Bello y todos los demás, pero Matea fue la primera, la que le enseñó sus primeros pasos y dice la leyenda popular que Bolívar se refirió en 1827, cuando regresó a Caracas, a sus negras porque las llamaba “mis negras”. Y preguntó por su madre y su maestra:

—¿Dónde está Hipólita que me dio de comer? ¿Dónde está Matea que me enseñó mis primeros pasos?”.

Matea e Hipólita que siempre estuvieron con Bolívar en las buenas y en las malas.

Hipolita y MateaHipolita y Matea


Autor Reinaldo Bolívar
Caracas - Venezuela
Tomado del Libro:  SIMONCITO Hijo de Hipólita, pupilo de Matea
Que puede verse en: https://saberesafricanos.net/escuela/fondo-documental/file/209-simoncito-hijo-de-hipolita-pupilo-de-matea.html

 

 


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