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La guerra que estalla en Oriente Medio ya está repercutiendo en los mercados energéticos. Si bien el presupuesto para 2026 se basó en un precio de alrededor de 63 dólares por barril, el crudo Brent ya supera los 80 dólares. Para Túnez, país con una gran dependencia de las importaciones energéticas, cada dólar adicional podría costar al presupuesto estatal más de 160 millones de dinares.

Con cada gran crisis en Oriente Medio, los mercados petroleros contienen la respiración. La historia reciente lo ha demostrado una y otra vez: cuando aumentan las tensiones en el Golfo, los precios de la energía casi siempre siguen la misma trayectoria: suben.

La guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán en los últimos días no es una excepción a esta regla. En tan solo unas pocas sesiones bursátiles, los mercados han descontado un importante riesgo geopolítico: una interrupción duradera de las rutas energéticas globales.

El miércoles 4 de marzo de 2026, a primera hora de la mañana, el precio del crudo Brent rondaba los 83,60 dólares por barril, según los precios observados en los mercados internacionales. Este nivel es significativamente superior a las estimaciones utilizadas en la mayoría de los presupuestos públicos, incluido el de Túnez.

Este aumento se debe principalmente a la situación del Estrecho de Ormuz, una importante arteria energética del planeta. Aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial pasa por esta estrecha vía fluvial que conecta el Golfo Pérsico con el Océano Índico. Una parte significativa del gas natural licuado también fluye por ella.

Cuando este corredor estratégico se ve amenazado, toda la arquitectura del comercio energético mundial se tambalea.

La explosión de los costes del transporte de energía
Pero el petróleo no es el único indicador que se está descontrolando. El transporte marítimo de energía también ha entrado en un período de turbulencia.

Según los datos difundidos por los mercados especializados , el fletamento de un VLCC (Very Large Crude Carrier), estos gigantescos petroleros capaces de transportar dos millones de barriles, puede alcanzar hoy los 424.000 dólares por día, más del doble de las tarifas observadas unos días antes.

Los buques metaneros no se salvan. Los costos de transporte de gas natural licuado (GNL) se han disparado más de un 40% en un solo día.

Estas tensiones logísticas reflejan el extremo nerviosismo de los mercados. Los armadores dudan en desplegar sus buques en zonas consideradas peligrosas, las primas de seguros se disparan y los plazos de entrega se alargan.

En este contexto, incluso si los volúmenes de petróleo no se reducen inmediatamente, el mero aumento de los costos de transporte es suficiente para empujar los precios hacia arriba.

Una economía tunecina particularmente expuesta
Para un país como Túnez, estos acontecimientos no son solo estadísticas internacionales. Tienen consecuencias muy concretas.

Túnez padece, de hecho, un déficit energético estructural. La producción nacional de petróleo y gas lleva varios años disminuyendo, mientras que el consumo interno sigue aumentando.

El resultado: una creciente dependencia de las importaciones.

En este contexto, cada tensión en los mercados mundiales se traduce casi automáticamente en una factura más pesada para la balanza comercial y para las finanzas públicas.

La ley de presupuesto para 2026 se elaboró ​​con base en un precio promedio del petróleo estimado en 63,3 dólares por barril.

Esta hipótesis presupuestaria no era excepcional. Los Estados suelen utilizar un precio medio previsto para elaborar sus balances financieros.

Pero cuando los mercados se salen de control, estos equilibrios se vuelven frágiles.

Ahora que el precio del Brent ronda los 83 dólares, la diferencia ya supera los 20 dólares en comparación con la hipótesis utilizada en el presupuesto tunecino.

Y esta discrepancia podría resultar muy costosa.

Cada dólar adicional cuesta 164 millones de dinares.
Según el analista financiero Bassem Ennaifer , cada dólar adicional en el precio del barril representa aproximadamente 164 millones de dinares de gastos adicionales para el fondo de compensación.

Esta cifra revela inmediatamente la magnitud del problema.

Un aumento de diez dólares ya representa más de 1.600 millones de dinares para las finanzas públicas.

Con una diferencia de unos veinte dólares, la factura potencial podría superar los tres mil millones de dinares, una cantidad comparable al presupuesto anual de algunos ministerios.

En un contexto de finanzas públicas ya de por sí tensas, un shock energético de esta magnitud no puede considerarse un mero detalle técnico.

Tres posibles shocks para la economía tunecina
Según el economista Aram Belhadj , la guerra en el Golfo podría afectar a Túnez a través de tres canales principales.

El primero es logístico. La interrupción de las rutas marítimas, en particular en torno al Estrecho de Ormuz y el Canal de Suez, podría incrementar los costos del comercio internacional.

El segundo está relacionado con la energía. El aumento de los precios del petróleo y el gas incrementaría la factura energética del país e intensificaría la presión sobre los subsidios públicos.

El tercero es económico y financiero. La incertidumbre internacional podría obstaculizar la inversión y minar la confianza del mercado.

Estos tres shocks combinados pueden propagarse rápidamente a la economía real.

Escenarios que pueden resultar muy costosos
La economista Ridha Chkoundali también cree que Túnez es particularmente vulnerable a un shock petrolero.

En un escenario relativamente moderado, un aumento de diez dólares en el precio del barril supondría un coste adicional de aproximadamente 1.600 millones de dinares para las finanzas públicas, recuerda, confirmando las proyecciones realizadas por otros expertos.

Pero si las tensiones empeoran e interrumpen los flujos energéticos del Golfo, el precio del barril podría superar los cien dólares.

En este caso, la factura energética de Túnez podría aumentar en más de cuatro mil millones de dinares, con repercusiones directas sobre la inflación, el déficit comercial y el equilibrio presupuestario.

En los escenarios más pesimistas, un barril que supere los 120 dólares podría provocar un shock económico aún más fuerte para un país ya debilitado por su déficit energético.

Una dependencia energética que se vuelve estratégica
Más allá de la crisis actual, esta situación pone de relieve una realidad estructural: la cuestión energética se ha convertido en un desafío estratégico para la economía tunecina.

La disminución gradual de la producción nacional de petróleo y gas, combinada con el aumento de la demanda interna, ha provocado un déficit energético cada vez más significativo a lo largo de los años.

Esta dependencia hace que la economía sea particularmente sensible a las fluctuaciones de los mercados internacionales.

Cuando los precios del petróleo suben, la balanza comercial, el fondo de compensación y el presupuesto estatal se ven sometidos a presión.

La factura final dependerá ahora de cómo se desarrolle la guerra.
Por ahora, los mercados están reaccionando principalmente a la prima de riesgo vinculada a la guerra y a las tensiones geopolíticas.

Pero si el conflicto causara una interrupción duradera en las exportaciones de petróleo del Golfo o en las rutas marítimas estratégicas, el aumento de precios podría convertirse en una tendencia a largo plazo.

En ese caso, la cuestión ya no sería únicamente energética o geopolítica, sino también presupuestaria.

Porque detrás de cada dólar de más en el precio del barril se esconde una realidad muy concreta para las finanzas públicas tunecinas: una factura que puede alcanzar rápidamente varios miles de millones de dinares.


Fuente: BN busineNEWS

Publicado por AiSUR

Premio Nacional de Periodismo Necesario Anibal Nazoa 2020

 

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