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A pesar de que los registros y estudios de migraciones de Latinoamérica a África son casi inexistentes, aquí cuento la historia de varias mujeres latinoamericanas y cómo África dejó de ser un estereotipo para volverse un espejo.
La única referencia que escuché sobre todo un continente mientras estaba creciendo partía del imaginario de los niños desnutridos, que por sus infortunios hacían de alguna manera más valiosas las cosas que yo no quería.
–Acabe pues, que hay niños en África que no tienen ni para comer y usted acá desperdiciando.
Años después, en el colegio nos enseñaron a dibujar el mapamundi con todos los continentes (un mapa erróneo y desproporcionado, pero eso es otro tema), pero no nos enseñaron más allá de los nombres de los países con sus capitales, que obviamente olvidé una semana después. Aprendimos sobre las guerras mundiales y por qué la Unión Soviética, Cuba y Estados Unidos se odiaban, de cómo los españoles colonizaron nuestro territorio y esclavizaron a personas africanas que trajeron por la fuerza, y eso explicaba por qué teníamos personas negras en Colombia, todas descendientes de una sangrienta historia. Pero nunca nos enseñaron a conectar con las culturas que esas personas habían sido obligadas a dejar atrás.







