Día Internacional de Mujer Indígena
El 5 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena, en honor a la guerrera aymara Bartolina Sisa, quien junto con su esposo “Túpac Katari” lideró parte importante de la rebelión aymara-quechua contra la explotación y abuso de los conquistadores españoles en el Alto Perú, que comenzó en 1780.
La fecha se eligió durante el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América que se reunió en 1983 en Tihuanacu (Bolivia), y desde entonces cada año se conmemora el rol, esfuerzos y resistencias de mujeres de distintas zonas por la sobrevivencia de sus pueblos, y no ser avasallados por el progreso económico y tecnológico en desmedro de sus creencias y tradiciones.
Bartolina Sisa nació en 1750, y era tejedora e hiladora. Adquirió el rubro del comercio de coca y tela gracias a su familia –que a su vez lo adquirió para liberarse del sometimiento al que estaban condenados todos los pueblos originarios de esas tierras–por lo que logró independizarse a los 19 años. Durante sus viajes por ciudades, pueblos, minas y cocales del virreinato observó el sometimiento que sufrían los indígenas por parte de las autoridades, los blancos españoles, y de ahí se generó su “convicción de protesta contra todo sistema colonialista de explotación”.
Su rebelión unió a dos pueblos rivales (aymaras y quechuas), y en un comienzo convocó a más de cuarenta mil hombres para sitiar la ciudad de La Paz; luego ese número se duplicó. Sisa era hábil en combate, por lo que fue nombrada Virreina –y su esposo “Túpac Katari” Virrey del Inca–, y con ese título, organizó campamentos militares durante la sublevación en distintas zonas del virreinato.
La insurgencia tuvo importantes avances, pero luego de meses de resistencia, Sisa fue traicionada y capturada, y luego también lo fue su esposo a fines de 1781. Ambos fueron brutalmente descuartizados. Bartolina Sisa fue obligada a presenciar el descuartizamiento público de Túpac Katari en la plaza de Peñas, y luego, después de casi un año de encierro, el 5 de septiembre de 1782, se le condenó a ser sacada a la plaza mayor atada a la cola de un caballo y arrastrada hasta morir cruelmente.


