Suramérica Venezuela y el shock eléctrico
Poco se habla de la importancia de la energía eléctrica para sustentar nuestro modo de vida moderno. Se lo da como algo que simplemente existe. El incidente ocurrido en Argentina nos sirve para repensar los supuestos del sentido común y además arrojar algo de luz sobre hechos que algunos prefieren que permanezcan a oscuras.
Postales de una amenaza latente
Mientras el New York Times se preparaba para publicar información sobre cómo Estados Unidos planea sabotear las redes eléctricas de Rusia, un megaapagón se producía en Argentina, afectando a Uruguay, Chile, Paraguay y Brasil.
Trump firmó hace unos meses un decreto para proteger su propio sistema eléctrico de posibles ataques a través de armas de pulso electromagnético, pero hace unas horas arremetió contra el New York Times, acusándolos de ser unos traidores por hacer público el plan estadounidense de atentar contra la infraestructura crítica de Rusia.
También en marzo pasado, el Gobierno venezolano acusó a EEUU de sabotear su sistema eléctrico a través de un ciberataque.
Desde algunos Gobiernos suramericanos que se oponen a Nicolás Maduro, incluido el argentino, desestimaron la denuncia. Hoy, el ministro de Energía de Mauricio Macri dice que, aunque no está en las opciones primarias, no descartan que lo ocurrido sea nada más y nada menos que un ataque cibernético.
Lecciones venezolanas
María Gabriela González Urbaneja es ingeniero electricista con estudios en Brasil y Reino Unido. Se desempeñó como viceministra de Energía y Desarrollo del Sistema Eléctrico durante el Gobierno de Hugo Chávez, entre otras responsabilidades de alto nivel.
Considera que lo ocurrido en Argentina es común en un sistema "altamente interconectado". Una falla cuyo comportamiento fue exactamente al que se vivió en Venezuela. En dicha circunstancia "se desconectan plantas de generación para protegerse de una anomalía", lo cual, por supuesto, termina impactando en el resto de la red y en la capacidad de esta de transferir energía al resto de países, en este caso Uruguay, Paraguay, el sur de Brasil y Chile.
Por eso, más de 100 millones de personas quedaron a oscuras. "El sistema necesitaba proteger la integridad de los equipos", refiere.
Sin embargo, le llama poderosamente la atención no el comportamiento del sistema, el cual es previsible, sino cómo la prensa internacional le ha dado un tratamiento tan distinto a los casos de Argentina y Venezuela.
Al parecer, la evaluación de los hechos se aleja de lo técnico y termina usándose con fines políticos.


