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Opinión

A propósito del Día Internacional de la Mujer en la Diplomacia

MSc. Yasmín Corrales

Un testimonio situado

El cuerpo como lugar de enunciación

A propósito del Día Internacional de la Mujer en la Diplomacia

Este artículo se inscribe en una metodología emergente de carácter testimonial-situado —en diálogo con los planteamientos de la feminista ugandesa Sylvia Tamale[1], para quien el cuerpo es un archivo de experiencias vividas que deben ser narradas, y la re-narración permite reclamar la humanidad y restaurar la dignidad que el sistema colonial ha negado[2]—, en la que el conocimiento no se produce desde la distancia del observador, sino desde el cuerpo vivido como territorio epistemológico.

Escribo desde una triple condición que no se separa, sino que se entrelaza: como mujer afrovenezolana, diplomática de carrera e integrante de la diáspora africana en América Latina.

Esta no es una distinción identitaria descriptiva, sino una localización del saber. Mi cuerpo es archivo, es tránsito y es frontera. Desde allí, este texto propone pensar la diplomacia no solo como práctica institucional, sino como experiencia encarnada de relectura histórica, reconstitución de memoria y reparación histórica. En ese sentido, y honrando que, cada 24 de junio, tal como lo establece las Naciones Unidas, se enaltece el rol de la mujer en la diplomacia, les presento este testimonio sentido.

Diplomacia, giro sur-sur y reconfiguración de lo africano

Mi experiencia como diplomática desde la República Bolivariana de Venezuela se ha desarrollado en el marco de una política exterior que, desde inicios del siglo XXI, promovió una reconfiguración de las relaciones Sur-Sur entre América Latina y África. Todo esto anclada a una perspectiva de reparación histórica y a la vez, actuando desde la geopolítica decolonial.

Este giro, enmarcado en un contexto internacional de ascenso del multipolarismo, el mundo Multicéntrico y pluripolar (como lo llamamos desde Venezuela) y de crítica a las narrativas hegemónicas del desarrollo, implicó una ruptura con narrativas eurocéntricas que tradicionalmente han representado a África desde la carencia o la subordinación. En su lugar, se impulsaron dinámicas de interlocución política, cultural y técnica con diversos países africanos.

En este proceso se inscribe la expansión de las relaciones diplomáticas, la apertura de misiones en el continente madre: África y la suscripción de acuerdos multilaterales que buscaron consolidar una arquitectura de cooperación alternativa a la hegemónica del Norte-Global. Pero además es un indicador decolonial de nuestra diplomacia.

ASA 2009: memoria institucional de un proyecto de vinculación Sur-Sur

Un hito relevante en esta trayectoria fue la Cumbre América del Sur–África (ASA), realizada en la Isla de Margarita en 2009.

Este evento constituyó un punto de inflexión en la construcción de una agenda política birregional, en la que jefes de Estado y de gobierno de África y América del Sur establecieron marcos de cooperación en materia económica, cultural y diplomática, entre otras.

Más allá de su dimensión institucional, ASA 2009 puede leerse como un intento de producir una geopolítica de liberación del Sur Global, en la que Venezuela —junto a Brasil— asumió un rol de vanguardia en la articulación de una agenda birregional. En este marco, África dejó de ser objeto de la política internacional para convertirse en sujeto de interlocución, en un ejercicio de horizontalidad que desafió los protocolos tradicionales de la diplomacia Norte-Sur, anclado en conceptos clave de la cooperación Sur-Sur o África nuestra madre.

Cooperación, cultura y materialidad de la relación afro-sur

La relación entre Venezuela y diversos países africanos no ha sido únicamente discursiva, sino también material, simbólica, epistémica y práctica. Se han desarrollado iniciativas en áreas como: infraestructura comunitaria y educativa, ofrecimiento de becas de estudios para estudiantes africanos, apoyo técnico en proyectos de acceso al agua, cooperación solidaria con comunidades en situación de vulnerabilidad y espacios de intercambio cultural continuo.

En paralelo, la dimensión cultural, entre otras (como la de solidaridad) ha funcionado como un eje estructurante de la política de relacionamiento, expresada en festivales, encuentros y espacios de circulación de saberes afrodiásporicos —aspectos que, por su densidad e inconmensurabilidad, exceden los límites de este breve artículo.

Lectura, desplazamiento y producción de conocimiento situado

En mi trayectoria como investigadora y actualmente como cursante de la primera Maestría en Saberes Africanos en Venezuela, he entrado en diálogo con obras que reconfiguran el archivo histórico africano desde perspectivas decoloniales. Entre ellas, la lectura de El latir de un continente (2026), del joven camerunés Sani Ladan, ha operado como un dispositivo de desplazamiento epistemológico.

El texto permite rearticular la historia africana más allá del relato colonial, visibilizando estructuras políticas, económicas y culturales previas a la colonización europea con perspectiva africana situada.

La circulación de este tipo de conocimiento, sin embargo, no es neutral. Su acceso desde América Latina implica atravesar mediaciones, asimetrías y circuitos de legitimación del saber global que hemos logrado sortear desde un lugar genuino de enunciación: la amistad transatlántica, que se ha gestado desde el contacto e intercambio de saberes de nuestra generación. Sani me escribe en la dedicatoria de su libro lo siguiente: “Gracias siempre por estar cerca desde el primer momento esperando que escuche este latir de África. Con cariño”. Y en respuesta a Sani, agrego: ya el latido resonó hace algún tiempo y ahora latimos juntos. En tu libro hablas de la revalorización del pasado africano y puedo sugerir que desde Venezuela hemos hecho lo propio desde nuestra ancestralidad y aporte contemporáneo como universo reparador. Y asi nos dices que según un proverbio hausa: Waka daga bakin maishi yafi dadi, “la historia es más dulce cuando la cuenta su protagonista”[3]. Sani no estamos arando en el mar.

El viaje como dispositivo epistemológico de la diáspora

Mi tránsito diplomático por países como Togo, Ghana, Benín, Túnez y Sudáfrica ha funcionado como un laboratorio de relectura identitaria. Un ejemplo concreto: la experiencia en lugares como la puerta del No retorno en Benin o el Castillo de Cape Coast, en Ghana —dos puntos de embarque de personas esclavizadas hacia las Américas— permite comprender el cuerpo afrodescendiente no solo como categoría social, sino como portador de memoria histórica no lineal y como territorio de reparación en curso.

Este tipo de experiencia no puede ser comprendida únicamente desde la lógica del desplazamiento geográfico, sino desde lo que aquí se propone como epistemología del retorno simbólico, en la cual la diáspora no es únicamente dispersión, sino también reencuentro con memorias fragmentadas y cuerpos con su espiritualidad que se encuentran.

Pensarse en relación: hacia una epistemología del Sur conectado

La lectura de autores africanos contemporáneos y la experiencia académica en curso permiten plantear una hipótesis de trabajo: el conocimiento afrodiásporico contemporáneo se produce en red, en diálogo y en reciprocidad.

Las frases de cierre del libro de Sani Ladan: “pensar África no es un ejercicio académico, sino un acto político y afectivo”[4]  y “agradezco el tiempo que nos tomamos por pensarnos”[5]— puede leerse aquí no como una expresión literaria, sino como una formulación epistemológica. Pensarse mutuamente implica reconocer que el conocimiento del Sur no es individual, sino relacional; no es aislado, sino compartido; no es lineal, sino interconectado. Por tanto, reparador.

Conclusión: no arar en el mar como crítica a la desmemoria

La expresión "no arar en el mar" funciona aquí como categoría analítica para nombrar la tensión entre memoria, identidad y producción de conocimiento, y, a la vez, para evidenciar que hemos trazado un camino —un cúmulo de saber— y que seguimos en pleno proceso creativo.

Arar en el mar sería producir discurso sin arraigo histórico, diplomacia sin memoria y cooperación sin reconocimiento de la experiencia afrodescendiente como sujeto epistemológico.

Por el contrario, sostengo que existe un proceso en curso de consolidación de una generación de investigadores, diplomáticos y académicos que están reconfigurando el lugar de África en el pensamiento latinoamericano desde una perspectiva situada.

Este proceso no es individual, sino generacional e institucional, y se expresa en la producción de conocimiento académico, en la formación especializada y en la experiencia diplomática encarnada.

Y a propósito de ello, nos situamos como mujer en el marco del Día Internacional de la Mujer en Diplomacia y cerramos con la voz de la sudafricana Mamphela Ramphele, quien nos recuerda que 'las únicas personas que no solo pueden sobrevivir, sino prosperar, son aquellas que trabajan juntas para relacionarse entre sí de una manera que dice: Soy, porque tú eres” (Ubuntu). Este proceso que describo no es un logro aislado; es un testimonio de que la reparación y el conocimiento se construyen en el reconocimiento mutuo, en la amistad transatlántica y en el latido compartido de un continente que nunca dejó de ser nuestra madre.


[1] Es un referente del pensamiento crítico feminista africano. Conforma una generación relevante de estudiosas y activistas del feminismo africano. Autora de Descolonization and Afro-Feminism (2020). Nacida en Uganda y su trayectoria profesional se encuentra en varios países africanos como: Sudáfrica, Ghana, entre otros.
[2] Tamale, Sylvia. DescolonizPAG.2. ation and Afro-Feminism (2020), Daraja Press. Pág.2.
[3] Ladan, Sani. El latir de un continente. Civilizaciones, resistencias y esperanzas de una África eterna. Plaza Janés. Penguin Random House. Grupo Editorial. España. Abril 2026. pág. 25.
[4] Ibid. Pág. 380.
[5] Ibid. Pág. 381.


MSc. Yasmín Corrales
Diplomática de carrera, investigadora.
Cursante de la Maestría en Saberes y Estudios Africanos, Instituto Estratégico de África y la Diáspora (Caracas).
Pretoria, 24 de junio de 2026
Publicado por AiSUR
Premio Nacional de Periodismo Necesario Anibal Nazoa 2020.


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