Derechos humanos según USA
La propuesta de los Derechos Humanos tal y como la conocemos actualmente surge en el siglo XX, como consecuencia de los tratados de paz celebrados luego de las llamadas ”guerras mundiales” razón por la cual, su uso y significado, se ubica específicamente en unas sociedades golpeadas por los horrores de la guerra.
Cabe acotar que Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, asumieron desde el inicio el liderazgo de la discusión y elaboración de lo que se conoce como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) en 1948. Esto evidencia que allí quedaron plasmadas las motivaciones sociales, económicas y políticas occidentales que terminaron imponiendo al resto del mundo sus intereses como potencias.
Desde esta óptica se establece una visión de esos derechos como exigencias racionales de justicia, merecedoras de reconocimiento e imposición universal que reflejan la visión del mundo occidental. Del mismo modo, se ha hecho ver que dicha declaración es el resultado de un entendimiento común entre los pueblos del mundo en todo lo relacionado a los derechos humanos, los cuales supuestamente son inalienables e inviolables para todos los seres humanos, por lo que su cumplimiento y respeto es obligatorio para todos los miembros de la comunidad internacional, aunque los hechos demuestran lo contrario.
Desde esa perspectiva consideramos que los derechos humanos no son neutros, sino que, por el contrario, representan una posición de carácter político-ideológico. En este sentido, es hora de desmontar la supuesta universalidad de esa concepción y reconocer que tales derechos universales existen para un grupo de países y para otros no, para unas personas y otras no, para unas clases sociales y otras no. Hay serias omisiones como dejar por fuera el derecho a la libre determinación de los pueblos, de las minorías étnicas, de los trabajadores y las trabajadoras inmigrantes, el respeto al medio ambiente, entre otros.
Por tal situación, han surgido espacios de uso transnacional que se usan para legitimar situaciones de injusticia, como la tortura, el acoso sicológico, violaciones, explotación sexual, y trata de personas. Como por ejemplo, la cárcel de Guantánamo, la franja de Gaza donde sobreviven más de un millón y medio de palestinos en condiciones infrahumanas producto del bloqueo y la violencia permanente que ejerce el Estado de Israel; Lampedusa isla italiana, donde se ha establecido un centro de reclusión para los inmigrantes africanos y árabes, en el que permanecen bajo custodia policial y militar, sometidos a diversas violaciones de los derechos fundamentales del ser humano.
Descolonizar los derechos humanos
De allí la necesidad de descolonizar esa propuesta de Derechos Humanos hasta desenmascarar lo que es realmente: una imposición occidental, que se disfraza con principios universalistas para preservar la supremacía clasista y racista del hombre blanco, acaudalado, propietario de innumerables espacios geográficos, financista, neocolonialista, cristiano y heterosexual, amparado en el enfoque paternalista, que anula otras concepciones culturales, espirituales y filosóficas más antiguas, como por ejemplo la Carta de Kurukan Fuga o Carta de Mandé, cuyo origen se remonta a 1236 d.c. y nos traslada a la región del Sahel subsahariano (Malí, Senegal, Burkina Faso y Guinea). Esta es considerada como una de las primeras declaraciones de Derechos Humanos de la historia de la humanidad, en la que se promulgan: la paz social en la diversidad, la inviolabilidad del ser humano, la educación de las personas, la seguridad alimentaria, la integridad de la patria, la abolición de la esclavitud, la libertad de expresión y comercio, entre otros.
Debe decodificarse esa concepción universalista que impone modelos jurídicos políticos occidentales como los ideales para la humanidad, descalificando la herencia cultural, creencias, valores, necesidades, tradiciones propias del mundo no occidental. En esta tarea la afroepistemología, es una gran aliada porque maneja una noción integral del ser humano, y parte de una concepción distinta del conocimiento y de la vida. Aunado a ello tiene un papel profundamente liberador, descolonizador y potenciador de nuevas teorías y enfoques, necesarios para generar una nueva manera de concebir los Derechos Humanos.
Ayudas humanitarias para destruir a la humanidad
En la actualidad, el mundo contempla con más claridad la capacidad destructiva del capitalismo, las agresiones se disfrazan y descaradamente llegan a utilizar supuestas “intervenciones humanitarias”, para sustentar invasiones que preserven sus intereses estratégicos, su decadente sistema económico, y su poderío militar, donde los derechos humanos son usados para mantener la hegemonía de su modelo etnocéntrico.
La decisión de los Estados Unidos de abandonar el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, y el escándalo generado por la política de tolerancia cero con los inmigrantes que cruzan la frontera de México a Estados Unidos, situación que llevó a separar de sus padres a cerca de 3.000 niños y niñas, medida que fue “suspendida” tras las múltiples críticas recibidas por la comunidad internacional y por amplios sectores de la población estadounidense, lo cual deja en evidencia la hipocresía que significa la Declaración Universal de los Derechos Humanos y pone sobre el tapete el debate sobre este tema tan manoseado, donde los EE.UU se adjudicó el rol de policía sobre el cumplimiento de los mismos a nivel mundial, aunque se han negado a firmar o ratificar muchos de los principales tratados o convenciones relativas a estos temas.
El continente africano nos muestra varios ejemplos de lo planteado arriba donde por un lado, las empresas transnacionales representantes del sistema económico capitalista se han dedicado durante décadas a fomentar conflictos internos estimulando las diferencias étnicas y religiosas, para sacar provecho en medio del caos realizando el saqueo sistemático de recursos naturales estratégicos como es el caso: del coltán, oro, diamantes y petróleo en la República Democrática del Congo, Sierra Leona, Sudán y Libia.
La guerra e invasión contra Libia se inició con una fuerte campaña mediática donde mintió afirmando que Gadafi había ordenado al ejército libio asesinar a la población de Bengasi, junto a otras mentiras acerca de ejércitos de mercenarios africanos en Libia y ataques aéreos contra civiles. Estas afirmaciones se difundieron ampliamente, para vender la imagen de que era necesario intervenir para proteger los derechos humanos en este país, acuñando los términos contradictorios de “Intervención Humanitaria” y justificar “bombardeos humanitarios”.
El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó dos resoluciones contra Libia sobre la base de las mencionadas aseveraciones, sin lapsos de investigación ni verificación de los supuestos hechos, las cuales cumplieron su papel para darle fuerza a otras acusaciones que justificaron la aplicación del marco legal, diplomático y militar, para realizar la guerra de la OTAN contra Libia. Esta invasión, contó con la complicidad de la Unión Europea y las principales potencias mundiales. A partir de allí se efectuó la destrucción de un país, el cual tenía el índice más alto de desarrollo humano en el continente africano. Estas intervenciones imperialistas echan por tierra todo el bagaje teórico de los Derechos Humanos impuestos por las mismas potencias agresoras.
La invasión a Libia y el asesinato del líder continental Muhammad Gadafi, marca la puesta en marcha de un plan mayor de Estados Unidos para una nueva invasión de África, con el objeto de aumentar su presencia militar con bases militares, avanzar en el control de sus recursos naturales y esclavizar esas poblaciones al servicio de sus intereses. Para ello, su aspiración de radicar en el continente el Comando Africano al estilo OTAN (AFRICOM) bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo que al mismo tiempo fomentan para justificar su intervención, utilizando la retórica del respeto a los derechos humanos bajo la complicidad de “organizaciones humanitarias” que son creadas y financiadas por ellos como los cascos blancos.
Al respecto el investigador Mahdi Darius Nazemroaya (2011), opina que:
"Estados Unidos ha utilizado a la OTAN para continuar con la ocupación de la Europa de después de la Segunda Guerra Mundial. Ahora utilizará al AFRICOM para ocupar África y crear una OTAN africana. Está claro que Estados Unidos quiere una dilatada presencia militar en Libia y África bajo el disfraz de misiones de ayuda humanitaria y para combatir el terrorismo, el mismo terrorismo que ahora se está avivando en Libia y África."
En este contexto, se encuentran los grupos terroristas: Al-Shabaab en Somalia, al-Qaeda en el Magreb islámico en el norte de África y Boko Haram en Nigeria, y su notoria participación en condición de mercenarios, en medio de una política secesionista, como es el caso de la división de Sudan. Aquellos pueblos que son etiquetados como carentes de derechos y libertades individuales, están en la mira del imperialismo para ser invadidos, en especial aquellos ubicados estratégicamente y que poseen recursos apetecibles o en espacios donde necesitan reforzar su hegemonía, lo que evidencia su visión etnocéntrica caracterizada por una concepción racista y hegemónica, que funciona como legitimadora del neocolonialismo occidental, que delata todo el discurso de los derechos humanos y lo coloca en contradicción con la concepción del ser que predomina en África, sustentada en lo colectivo y en la interrelación con diversos elementos, al concebir a la persona como unidad y pluralidad en un entorno que debe preservarse en base a la cultura heredada por sus antepasados que sustentan su espiritualidad.
En conclusión, la política occidental de defensa de los Derechos Humanos, auspiciada desde la hegemonía de las potencias capitalista, constituye una evidente fachada para encubrir su dominación, anulando el derecho fundamental de todos los seres humanos, el derecho a la vida y a la dignidad.


