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Estallido de un racismo subyacente en EE.UU.

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Según cifras ofrecidas por la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), con la muerte de los jóvenes Alton Sterling y Philanto Castile, ascendió a 123 el número de afroamericanos fallecidos en Estados Unidos a manos de la policía, en lo que va de año.

Como consecuencia de estas muertes no se hizo esperar la reacción de un francotirador negro, que en venganza, ultimó a tiros a cinco policías en Dallas, irónicamente, durante una manifestación de protesta contra la violencia policial y los conflictos raciales en Estados Unidos.

La situación imperante apunta a que las armas no dejarán de sonar de uno y otro lado, reviviendo uno de los peores flagelos de los que la sociedad estadounidense no pudo sacudirse en sus 240 años de historia. Este nuevo incremento en los índices de una violencia con claros ribetes de racismo, ocurre en Estados Unidos, casualmente el país que pretende dar lecciones de derechos y civilidad al resto del mundo.

Con las muertes violentas de Sterling, en Luisiana; Castile, en Minnesota; los cinco agentes del orden, en Dallas, y las manifestaciones de protestas en importantes ciudades norteamericanas, urge —una vez más— la reflexión de los líderes políticos, una discusión que incluya a toda la sociedad y la imprescindible aplicación de la ley.

La acción de los “gatilleros” uniformados y el velo de silencio que muchas veces impone la justicia sobre la culpa de los represores, convierte en letra muerta lo logrado hasta hoy en materia de derechos civiles, desamparando a unos 40 millones de ciudadanos afroamericanos.

No sería extraño que en Estados Unidos revivan los acontecimientos de Selma y Watts, ocurridos en 1965, y donde las tensiones raciales llegaron a provocar violentos conflictos de triste memoria, por solo mencionar dos ejemplos.

Las actuales protestas en Luisiana, Minnesota, Los Ángeles, Dallas, Nueva York, Chicago o cualquier otra ciudad estadounidense, recuerdan los 34 muertos y más de 1 000 heridos en el vecindario californiano de Watts —hace 51 años—, un enfrentamiento entre blancos y negros que duró seis días y dejó pérdidas por más de 40 millones de dólares.

Para un ciudadano negro no hay tranquilidad ni seguridad en el “paraíso de los derechos humanos” que dice ser Estados Unidos, asediados por incontables muestras de abuso policial y violaciones de sus más elementales derechos civiles. La próxima víctima puede llamarse Michael Brown, Trayvon Martin, Eric Garner, Walter Scott o Gregory Gunn. Solo necesitará ser negro y pobre y no resultar agradable al vigilante de turno quien, blandiendo su arma de fuego reglamentaria, imponga la ley del más fuerte.


Miguel Fernández Martínez / Semanario Orbe
Observatorio de Medios del Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños

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