
Mandela en su visita a Venezuela
Del 22 de julio al 6 de agosto de 1991 Nelson Rohlihlahla Mandela realizó una gira por Europa, el Caribe y América del Sur, visitando España, Cuba, Venezuela, México y Brasil. A Maiquetía llegó el 27 de julio para una visita de tres días, procedente de La Habana, acompañado de su segunda esposa, Winnie Madizikela, invitado por el entonces presidente de la república Carlos Andrés Pérez. A su llegada manifestó que el apoyo del pueblo y del gobierno de Venezuela ha sido un sólido apoyo a la lucha contra el apartheid sostenida en Sudáfrica. “Venezuela merece un lugar muy particular en nuestro corazón”, expresó. Fue condecorado con la Orden del Libertador en grado de Gran Cordón.
El domingo 28, a las 9 y media de la mañana llegó Nelson Mandela, acompañado de su esposa y del presidente de la república Carlos Andrés Pérez, al Aeropuerto de Valencia. La comitiva se encargó de los honores y allí se dio inicio al cumplimiento de una apretada agenda que se desarrolló por espacio de nueve horas: Teatro Municipal, Capitolio, almuerzo en su honor, reuniones con profesores, acto con la Asamblea Legislativa del estado Carabobo y encuentro con el pueblo en la Plaza Bolívar; finalmente, su despedida en el aeropuerto.
Del aeropuerto, la comitiva se trasladó al Teatro Municipal al acto académico. A la entrada del teatro fue recibido por grupos de tambores, entre ellos los Tambores de San Millán y otros venidos del estado Zulia. Conmovido, Mandela se detuvo a saludarlos, retrasándose por supuesto el acto. Su recibimiento fue memorable. Varios minutos de sonoros aplausos y expresiones de júbilo a su paso.
Palabras de Nelson Mandela el 22 de julio de 1991
“Yo creo que una de las funciones primarias de una verdadera universidad consiste en garantizar la búsqueda de conocimientos de la manera más sistemática y total que sea posible; ello debe incluir conocimientos que, primero, nos armen con los hechos. Segundo, que amplíen nuestros horizontes intelectuales. Tercero, que nos permitan un conocimiento sólido de nuestras limitaciones y posibilidades. Cuarto, que nos ayuden a definir y afirmar aquellos valores que mayormente aseguren el crecimiento armonioso, el desarrollo y la autorrealización de cada individuo y de la humanidad entera. Quinto, que nos liberen de todo sesgo o prejuicio. Y sexto, que nos equipe con las maneras, con los medios que nos permitan resolver toda una gama de problemas que van en contra de nuestra búsqueda colectiva de libertad, democracia, paz, progreso y abundancia.
Yo vengo de un país, Sudáfrica, donde la política y la práctica del Apartheid desde hace más de cuatro décadas ha sumido a una gran mayoría de la población en un retraso crónico y generalizado, simplemente porque el color de la piel era negro. Lograba ese objetivo odioso negándoles acceso a la educación, a la salud, a la vivienda, relegándolo a la pobreza y a las enfermedades, oprimiéndolo a través de arrestos generalizados, detenciones sin juicio, torturas. El Estado permitía asesinatos y masacres, y quiso obligar a esa colectividad a aceptar un destino deshumanizante y degradante. Sin embargo, se produjo el testimonio más claro de la indomable invencibilidad del espíritu humano. Ese pueblo nunca sucumbió, y en su lugar, optó por resistir y luchar.
El poder irresistible de nuestra lucha, además del apoyo de hombres, mujeres y jóvenes de gran conciencia, a lo largo y ancho del mundo, ha obligado a que el Apartheid haya perdido viabilidad. Hemos obligado al régimen racista de Pretoria a que se una a nosotros en la búsqueda de una forma pacífica para ponerle fin al Apartheid para crear una Sudáfrica unida y democrática, no racista ni sexista. La conducta de Pretoria muestra, sin embargo, que aún queda mucho por hacer antes de que podamos confiar en sus intenciones o en su compromiso de cooperar en la lucha que venimos librando para eliminar ese crimen contra la humanidad llamado Apartheid, para que podamos trabajar conjuntamente y construir una Sudáfrica verdaderamente libre y democrática.
Hace menos de dos años, el régimen racista dio muestras tentativas pero públicas de su deseo de comprometerse en el proceso de paz, que nosotros, desde el Congreso Nacional Africano, habíamos propiciado. Sin embargo, revelaciones de prensa han demostrado que al mismo tiempo el régimen ponía en movimiento esfuerzos para obstaculizar un fin pacífico del Apartheid.
Esta actuación del gobierno ha conducido al ciclo actual de violencia en nuestro país, violencia que la prensa internacional llama erróneamente “violencia de negros contra negros”. Hace menos de una semana, en respuesta a las protestas públicas, el canciller Pick Botha declaró en tono desafiante que el gobierno no tenía nada que lamentar y que en caso necesario lo hecho se volvería a repetir o sea que todo seguía igual.
Pero ha habido cambios positivos en Sudáfrica. Y lo importante es darnos cuenta de que han sido logrados a través de la lucha, la lucha de las masas de nuestro pueblo. Aún es más importante comprender que estos cambios no significan aun la erradicación del Apartheid, o que el régimen de Pretoria haya abandonado el sistema racista establecido.
Así que hay todavía mucho más que debemos hacer, nosotros y la comunidad internacional, antes de poder ser testigos del nacimiento de una Sudáfrica unidad y democrática, ni racial, ni sexista.
Ustedes habrán entendido por mis observaciones iniciales lo que yo considero es la verdadera universidad como fuerza de liberación, en el sentido más noble de la palabra. Por lo tanto, ustedes me entenderán cuando les digo que al conferirme estos honores académicos,a mí y mi esposa, Winnie Mandela, y a través de nosotros dos, al pueblo en la lucha de Sudáfrica, ustedes están haciendo dos cosas: reiterando su propio compromiso con la erradicación del Apartheid y reafirmando su apoyo por el ideal de una Sudáfrica unida, no racial, no sexista y democrática. También están comprometiendo su respaldoa nuestra lucha hasta el momento en que quede coronada por una victoria total.
Yo me siento abrumado ante los honores que ustedes nos han conferido y les estoy profundamente agradecido por todo lo que ello significa.
Al terminar quisiera resumir lo dicho en pocas palabras: las relaciones existentes entre las masas que viven en Sudáfrica, aquellas que luchan por destruir al Apartheid y los males engendrados por el mismo sistema, con el pueblo de Venezuela y su gobierno, y –de manera muy singular- con la Universidad de Carabobo, pueden ser descritas con muy pocas palabras: son relaciones de íntimo afecto y solidaridad.
Los honores que ustedes nos han otorgado y en particular el premio Simón Bolívar, las declaraciones oficiales emitidas por distintos gobiernos de Venezuela en las Naciones Unidas y en otros foros, y, particularmente, la participación y el gran apoyo que nos ha demostrado el presidente Pérez, muestra, repito, que estas relaciones son sólidas y profundas.
En particular, quisiera ahora darles las gracias a los estudiantes por lo que han hecho por mi esposa y por mí. En los veintisiete años de nuestra prisión hemos aprendido con orgullo y alegría que nuestra causa goza del apoyo de los jóvenes en nuestro país y en otras partes del mundo. Y una causa apoyada por la juventud no puede fracasar. Así que estamos convencidos que tendremos toda la capacidad, la paciencia, la moral y las armas necesarias para darle fin al Apartheid en lo que resta de nuestras vidas.
Permítanme decirles que mi esposa y yo siempre recordaremos este momento con gran emoción, y decirles una vez más, como lo he hecho en numerosas reuniones, que los admiramos, los respetamos y sobre todo los amamos.” El público aplaudió de pie, por varios minutos, al ilustre doctorando.


