
El brote de ébola en el este de la República Democrática del Congo ha superado los 6.000 casos confirmados y ha causado 2.911 muertes, convirtiéndose en el mayor brote registrado en el país y una de las epidemias de ébola de más rápido crecimiento de la historia. Más de 1.360 personas se han recuperado.
Las autoridades sanitarias reportaron 6041 casos confirmados y 2911 fallecimientos hasta el 31 de agosto, con 1366 personas recuperadas. El brote, declarado el 15 de mayo, se ha extendido por seis provincias y decenas de zonas sanitarias en el norte y el este del país.
La magnitud de la epidemia ya ha superado el récord anterior de brotes en el país, que registró 3.317 casos entre 2018 y 2020. La Organización Mundial de la Salud ha descrito el brote actual como el mayor brote de ébola jamás notificado en el país y uno que se está propagando más rápidamente que epidemias anteriores.
La cepa de Bundibugyo plantea un desafío adicional.
El brote está siendo impulsado por el virus Bundibugyo, una cepa rara del Ébola para la cual actualmente no existe una vacuna ni un tratamiento específico aprobado. Esto ha dificultado especialmente el control de la transmisión, ya que el virus continúa propagándose.
La provincia de Ituri sigue siendo el epicentro, aunque también se han detectado casos en Kivu del Norte, Kivu del Sur, Haut-Uélé, Tshopo y Bas-Uélé. La última actualización de la OMS indica que, para el 26 de agosto, el brote había alcanzado las 60 zonas sanitarias.
La inseguridad dificulta la respuesta.
La epidemia se está desarrollando en zonas que ya sufren violencia armada, desplazamiento de población y servicios de salud precarios.
Los trabajadores sanitarios se enfrentan a grandes dificultades para llegar a las comunidades y rastrear los contactos a medida que las personas se desplazan entre las zonas afectadas. Una huelga de trabajadores sanitarios ha aumentado la presión sobre un sistema de respuesta ya de por sí sobrecargado.
El rápido desplazamiento de personas también ha suscitado preocupación por una mayor propagación geográfica, especialmente a través de las fronteras. La OMS afirma que el riesgo general sigue siendo muy alto dentro del país afectado y elevado en los estados vecinos.
La mortalidad sigue siendo alta.
Según los últimos datos de la OMS, el brote ha registrado una tasa de letalidad de alrededor del 48%, lo que subraya la gravedad de la enfermedad y las dificultades para detectar los casos y proporcionar un tratamiento oportuno.
No obstante, más de 1.300 personas se han recuperado, lo que supone un cierto alivio para las autoridades sanitarias que luchan contra la epidemia.
La OMS ha advertido que el brote podría superar la epidemia de ébola de África Occidental de 2014-2016, que causó la muerte de más de 11.000 personas y sigue siendo el brote de ébola más mortífero jamás registrado.
Se intensifican los esfuerzos para contener la propagación.
Las autoridades y los socios internacionales están ampliando la vigilancia, las pruebas, la capacidad de tratamiento y la participación comunitaria en un esfuerzo por frenar la transmisión.
Pero con el virus continuando su propagación en medio de la inseguridad y el desplazamiento, los funcionarios de salud se enfrentan a una carrera contrarreloj para contener una epidemia que ya ha alcanzado una escala sin precedentes en el país.
Fuente: africanews
Publicado por AiSUR
Premio Nacional de Periodismo Necesario Anibal Nazoa 2020

