Aimé Césaire
“y este país gritó durante siglos que somos unos brutos;
que las pulsaciones de la humanidad se detienen ante las puertas de la negrería;
que somos un estercolero ambulante horriblemente prometedor de cañas tiernas y de algodón sedoso
y nos marcaban con hierro candente
y dormíamos sobre nuestros excrementos
y nos vendían en las plazas
y la vara de paño inglés
y la carne salada de Irlanda costaban menos que nosotros,
y este país vivía calmado, tranquilo, diciendo que el espíritu de Dios estaba en sus actos” (Césaire, 1971 : 99)









