
El país registró en 2024 un 46% menos de nacimientos que en 2015, una caída que acelera el envejecimiento de la población y reaviva el debate sobre el futuro de las jubilaciones, en medio del estancamiento del empleo formal. "Como país tenemos que hacernos ricos antes de hacernos viejos", dijo a Sputnik una experta.
La natalidad en Argentina se derrumbó a la mitad en una década y enciende alertas. La cantidad de nacimientos cayó un 46% entre 2015 y 2024, según el último informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas. En nueve años, el país pasó a tener unos 357.000 nacimientos anuales menos, ubicándose entre las cuatro naciones de América Latina con fecundidad considerada "ultrabaja".
No se trata de un bache pasajero. En 2014, el país austral alcanzó el récord histórico de 777.012 nacimientos y desde entonces la curva no volvió a repuntar. En 2023 se registró la cifra más baja en medio siglo, con 460.902 nacidos, y solo entre ese año y 2024 los nacimientos cayeron otro 10%. La pandemia profundizó una tendencia que ya venía de años anteriores.
El resultado es un país que envejece a gran velocidad. Argentina, que durante buena parte del siglo XX se pensó a sí misma como joven y en expansión, llegó a una relación de uno a uno entre nacimientos y defunciones, según la Universidad Austral. Su tasa de natalidad, de 9,9 nacimientos cada 1.000 habitantes, está muy por debajo del promedio regional de 14,5.
La caída se inscribe en una tendencia global, pero el ritmo argentino es inusual. Según Naciones Unidas, la fecundidad mundial pasó de 3,31 hijos por mujer en 1990 a 2,25 en la actualidad, un descenso que llevó más de tres décadas. Argentina recorrió un camino más empinado en apenas diez años y hoy se ubica en torno a 1,2, muy lejos de los 2,1 necesarios para reemplazar a la población.
Las lecturas del fenómeno son disímiles. Por un lado, la problemática se explica por el fuerte retroceso del embarazo adolescente, que cayó un 64% entre 2005 y 2023, de acuerdo al Ministerio de Salud de la Nación. No obstante, ese fenómeno no alcanza para explicar la magnitud del derrumbe. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), entre las mujeres con educación secundaria completa la tasa se redujo a menos de la mitad entre 2014 y 2024.
El mapa tampoco es homogéneo. La provincia patagónica de Santa Cruz (sur) encabeza la caída, mientras que en la provincia nororiental de Misiones la baja fue mucho menos pronunciada, según UNICEF. En las dos provincias más al sur del país, la fecundidad ronda apenas un hijo por mujer, una paradoja para una región que durante décadas el Estado se propuso poblar.
El dato más revelador, sin embargo, está en la brecha entre deseo y realidad. Según Naciones Unidas, el 57% de las personas en Argentina querría tener más hijos de los que tiene, pero no puede. La crisis económica, la precariedad laboral, el acceso a la vivienda y la falta de servicios de cuidado aparecen como los principales obstáculos para concretar esa decisión.
Ese mercado laboral precario conecta el fenómeno con otra preocupación: el futuro de las jubilaciones. El sistema previsional argentino funciona bajo un régimen de reparto, en el que los aportes de los trabajadores activos financian los haberes de los jubilados. Con menos nacimientos, la base de futuros aportantes se achica, mientras la población envejece a un ritmo cada vez mayor.
El problema, de todos modos, ya está instalado. Hoy el sistema cuenta con 10,3 millones de aportantes para sostener 7,5 millones de beneficios, lejos de los cuatro trabajadores por jubilado que se consideraban necesarios para el equilibrio. La razón principal es la informalidad, que alcanza al 44% de los ocupados, más de 9 millones de personas que no realizan aportes.
Un análisis oficial incluye la baja de la natalidad entre los factores que comprometen la sostenibilidad del régimen, en momentos en que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) fija diciembre de 2026 como plazo para presentar una reforma previsional. Una proyección oficial anticipa que la población argentina comenzará a caer en la década de 2030.
Un indicador de desarrollo
"Estamos avanzando en la transición demográfica, como pasó ya en muchísimos países desarrollados, y en este momento somos un país envejeciéndose", dijo a Sputnik Carola Della Paolera, investigadora del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC). Según la especialista, se trata de "un país donde la proporción de personas mayores va a ir aumentando y donde también tenemos, hoy en día, muchos menos niños que antes".
La consultora remarcó que esa transformación abre hoy una ventana, porque Argentina atraviesa un bono demográfico, un período en el que la población dependiente "es muy baja con respecto a la población en edad de trabajar". Eso, sostuvo, "nos debería brindar oportunidades para aprovechar este momento con una consigna central: como país tenemos que hacernos ricos antes de hacernos viejos".
Agustina Bendersky, socióloga e investigadora del think-tank Fundar, dijo por su parte a este medio que "Argentina está atravesando todo este fenómeno de transición desde mediados del siglo XX: en 1950 éramos los europeos de la región, en términos de transición demográfica, pero el proceso actual nos agarra sin haber alcanzado el desarrollo".
En ese sentido, la experta se mostró optimista respecto a las oportunidades que brinda la transición demográfica, sobre todo en la educación: "Hoy tenemos escuelas con pocos niños, pero con la misma cantidad de docentes y la misma infraestructura, lo cual permite invertir mucho más en capital humano".
No obstante, remarcó que la caída de la natalidad no genera beneficios por sí misma: "Estamos ante una gran oportunidad que solo es eso, una oportunidad que tenemos que aprovechar".
Una espada de Damocles
Por fuera del consenso en torno a las oportunidades que el fenómeno habilita, entre los propios expertos asoma un inquietante desafío: cómo sostener las jubilaciones en un futuro signado por una mayor cantidad de adultos mayores y el contraste con menos trabajadores activos.
Para Bendersky, "hoy el problema con el sistema previsional es el reflejo de un mercado de trabajo atravesado por la alta tasa de informalidad". Por eso, precisó que "la clave va a estar en la productividad, más que en la cantidad de trabajadores, y en cómo formamos a esa población que se va a incorporar a este mercado laboral".
"El desafío es formar a los futuros trabajadores apostando a mejorar el capital humano. Hoy, más que la cantidad de población económicamente activa, el problema es la baja productividad y la informalidad récord, que son los indicadores que podemos mejorar", destacó la socióloga.
Della Paolera coincidió en que hay desafíos en "el sistema previsional argentino, que hoy tiene una amplia cobertura, pero está muy fragmentado y tiene bastantes inequidades, como los regímenes de excepción que dan beneficios extraordinarios, y representan a más del 30% de las jubilaciones". Para la especialista, "hay que asegurarse de que el sistema sea sostenible".
Consultado por Sputnik, Luis Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación de la Central de Trabajadores de la Argentina, afirmó que "el crecimiento de la informalidad le pega de lleno al sistema previsional". A su entender, "a este problema central los cambios demográficos lo complejizan, porque se superponen desafíos".
Para el analista, las reformas en debate, como la propuesta por el FMI, apuntan a "elevar la edad jubilatoria" y a "unificar la edad jubilatoria de varones y mujeres". El resultado podría ser "algún tipo de cobertura universal, pero con haberes mínimos, incluso más bajos que los actuales", complementada por "algún tipo de sistema de capitalización privado".
Fuente: Sputnik
Publicado por Aisur
Premio Nacional de Periodismo Aníbal Nazoa 2020


