El periodista colombiano Hernando Calvo Ospina, exiliado en Francia desde los años 80, tras haber sido desaparecido, torturado y preso, analiza con RT la conformación de las fuerzas paramilitares en el seno del Estado colombiano.
En las mujeres negras de Brasil se concentra hoy el mayor número de feminicidios del total de la población, según conclusiones de un seminario a raíz de la jornada por el Día Nacional de la Conciencia Negra.
Jamaica discute sobre Ley de permiso de paternidad El gobierno de Jamaica facilita hoy las discusiones sobre la introducción de una Ley de Permiso de Paternidad para alentar la crianza compartida, el apoyo y la tutoría.
Al intervenir en el foro del Día Internacional de los Hombres la víspera, el Secretario Permanente del Ministerio de Cultura, Entretenimiento de Género y Deporte, Denzil Thorpe, dijo que la Ley está en línea con las recomendaciones de la Política Nacional para el Género Igualdad (NPGE, por sus siglas en inglés).
La licencia de paternidad se define como un período de permiso de trabajo protegido para hombres empleados, con apoyo de ingresos en algunos casos. Comprende un tiempo corto de ausencia que el padre puede tomar inmediatamente después del parto para ayudar en el cuidado del niño.
Aprobar dicha ley es de vital importancia pues el ministerio busca introducir la mencionada licencia como un beneficio para los hombres padres como parte integrante de la fuerza laboral del país, "pues está bien establecido que para que el género sea verdaderamente transformador, tiene que ser inclusivo", afirmó Thorpe.
La NPGE representa el compromiso de Jamaica con la igualdad de género y la provisión de un entorno propicio para lograr los objetivos de justicia y justicia socioeconómica para mujeres y hombres.
Fuente: PL Observatorio de Medios del Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños.
El uso creciente de las redes sociales en África es sobre todo positivo, destacan expertos, aunque no se puede desconocer que también son usadas por terroristas para difundir sus ideas y captar adeptos.
Sahle Work Zewde La esperanza y admiración de mujeres africanas y nacionales crece hoy luego de que Etiopía hiciera historia a finales de octubre y la escribiera en femenino, en opinión de expertos.
Días después de nombrar un gobierno con féminas en la mitad de sus carteras ministeriales, el Parlamento etíope designó a Sahle-Work Zewde como primera presidenta de la historia contemporánea de esta nación.
Aunque el puesto tiene un carácter representativo, el poder lo ostenta el primer ministro, el gesto fue aplaudido internacionalmente y generó una ola de optimismo en ellas, un sector marginado y estigmatizado en esta zona del mundo, según los analistas.
Más allá de que queda mucho para lograr en la igualdad de género en África, donde conviven realidades diferentes, los avances en derechos en decenas de territorios y el aumento de representación política de las mujeres protagonizan el ritmo de cambio continental.
Para la profesora de sociología de la Universidad de Addis Abeba, Fatima Gebresembet, la clave es la mezcla de mentalidad y educación.
"Las jóvenes están cada vez más concienciadas e implicadas, y eso es algo vital porque ésta es una región muy joven. No es sólo un movimiento feminista sino diverso: defiende los derechos del colectivo LGTB, a las afectadas por la violencia sexual o VIH... Cada vez hay más esfuerzos para proteger los derechos de las mujeres".
La representación política es la punta de lanza del optimismo. En la última década se triplicó el número de africanas en puestos ministeriales y ya representan el 22,5 por ciento de los asientos parlamentarios, un porcentaje similar al de Europa (23,5) y superior al de Estados Unidos (18).
"Es el resultado del trabajo incansable de movimientos y figuras activas en luchas de liberación e implicadas en toma de decisiones. Es el caso de Etiopía, Ruanda o Sudáfrica. Es un fenómeno político. Cada vez más mujeres tienen experiencia en posiciones de liderazgo", refirió Gebresembet.
"El rol que desempeñan en la sociedad es crucial. No sólo es madre, también mantiene a la familia unida o conserva la cultura y tradiciones. Ello le da una posición de respeto y permite que opine en público, delante de quien sea", aseguró el investigador Teofilo Mebratu.
Pero es precisamente en el campo educativo donde el mapa africano resalta su diversidad.
A nivel general se observa un avance: de 1994 a 2004, el 52 por ciento de ellas eran analfabetas, hoy la cifra es del 32 por ciento, un descenso que duplica al de los hombres.
No obstante, al bajar al terreno las diferencias se enturbian: sólo una de cada tres chicas acaba la educación secundaria.
De acuerdo con el índice de Mujeres, Paz y Seguridad, del Georgetown Institute, mientras Sudáfrica o Namibia cumplen con la media de 10 años de educación infantil propia de países desarrollados, la puntuación global del continente desciende hasta los tres años de escolarización media por la decepcionante puntuación de otros como Níger, Mali, Burundi, República Centroafricana, Sudán del Sur, Congo o Somalia.
Aunque el índice, que puntúa la inclusión, la justicia o la seguridad, sitúa en el furgón de cola mundial hasta siete Estados africanos, sólo por encima de Siria, Afganistán, Yemen o Pakistán, subraya que naciones como Ghana, Islas Mauricio, Tanzania o Zimbabwe están ya por encima de la media en el orbe.
El estudio apunta además cambios en el rol del hombre: en los últimos años el porcentaje en Ghana o Botswana, que no aceptan que las mujeres trabajen fuera de hogar, es tan bajo como en los países europeos.
"Aún hay muchos retos y desafíos como la violencia sexual, los matrimonios infantiles o la mortalidad materna. El despegue es positivo aunque queda mucho por batallar", concluyó Mebratu.
Fuente: PL Observatorio de Medios del Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños.
Alí Rodríguez Araque El embajador de Venezuela en Cuba, expresidente de Petróleos de Venezuela, exparlamentario y político de larga trayectoria, Alí Rodríguez Araque, falleció este lunes a los 81 años en la ciudad de La Habana.
“Con mucha tristeza recibo la noticia del fallecimiento de Alí Rodríguez Araque, un luchador incansable, de esos que son imprescindibles en la Revolución. Extiendo mis palabras de aliento para toda su famila. Su experiencia y honestidad fueron una escuela para todos nosotros”, escribió el jefe de Estado a través de la red social Twitter.
Nacido el 9 de septiembre en la población de Ejido, estado Mérida, el dirigente y diplomático incursionó en los años 60 en la lucha armada en Venezuela, con el seudónimo de “Comandante Fausto”, siempre con ideales revolucionarios y de izquierda contra los gobiernos del llamado “puntofijismo”.
Ingresó en 1966 en el Partido de la Revolución Venezolana (PRV) de tendencia marxista, donde colaboró activamente con el líder guerrillero Douglas Bravo.
Con la llegada de la Revolución Bolivariana al poder en 1999, con el presidente Hugo Chávez Frías al frente, Rodríguez Araque ocupó varios cargos de importancia, tanto en el ámbito petrolero como en el diplomático.
Fue elegido ministro de la Energía y Petróleo a partir de 1999, estando en dicho cargo hasta el año 2000. En ese mismo año fue elegido secretario general de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), promoviendo la reducción del crudo para conseguir un aumento de su valor en los mercados internacionales.
Fue relevado en el cargo el 31 de junio de 2002 por Álvaro Silva Calderón, pasando entonces a ejercer el cargo de presidente de Petróleos de Venezuela (Pdvsa).
Permaneció en ese cargo hasta noviembre de 2004, cuando el presidente Chávez lo designó ministro de Relaciones Exteriores, sustituyendo a Roy Chaderton.
El 2006 es sustituido como canciller por el actual presidente, Nicolás Maduro, debido a problemas cardíacos que afectaron su salud.
El 1° de septiembre de 2006 fue designado como embajador de Venezuela en Cuba. En 2007 ingresó al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), procedente del partido Patria Para Todos (PPT).
En junio de 2008 cesó en el cargo de embajador y regresó al gabinete ministerial del presidente Chávez como ministro de Finanzas.
En el año 2010 fue nombrado ministro de Energía Eléctrica hasta que en junio de 2012 asumió el cargo de secretario general de la Unión Nacional de Naciones Suramericanas (Unasur), que desempeñó hasta 2014, cuando fue nombrado por segunda vez como representante de la misión diplomática venezolana en la nación caribeña.
Fuente: Nodal Observatorio de Medios del Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños.
Mohamed Sulaiman combina abstracción y reciclaje. El joven saharaui Mohamed Sulaiman reutiliza maderas, telas, cartones, plásticos y metales que se encuentra en los campamentos de refugiados de Tinduf para crear sus propias obras: «Quiero encontrar soluciones prácticas que ayuden a mi pueblo, pero también artísticas».
Salek Saleh, un niño C de 14 años, recoge un árbol seco mientras pasea por el campamento de Smara, cerca de la ciudad argelina de Tinduf, donde más de 165.000 refugiados sobreviven desde hace 42 años a la espera de una solución al conflicto entre Sahara Occidental –único territorio de África aún sin descolonizar y cuya potencia administradora sigue siendo legalmente España– y Marruecos.
Salek transporta ese árbol, del que solo quedan unas ramas sin hojas y un escuálido tronco, para llevárselo a Mohamed Sulaiman, artista abstracto saharaui que trabaja preferentemente con materiales reciclados encontrados entre las jaimas, las casas de adobe y en la hamada negra, un entorno desértico, inhóspito, duro, pedregoso y sin apenas dunas.
«He estado jugando con el arte y la pintura desde mi infancia, pero nunca he tenido una formación académica reglada sobre ello. Estudié literatura inglesa y también caligrafía en Argelia. Sin embargo, siempre he sentido un impulso hacia al arte», confiesa Sulaiman.
Esa llamada artística vivió su punto de inflexión tras las inundaciones que sufrieron los campamentos en 2015. Así lo recuerda: «Tenía una habitación con mis libros, mi arte, donde me reunía con mis amigos… Pero esa habitación fue arrasada por las lluvias. Fue un momento de cambio en mi vida porque perdí parte de mi trabajo y libros muy buenos. Así que, en ese momento, decidí que iba a crear un nuevo espacio donde pudiera crear arte, compartir, aprender e interactuar con otras personas. Básicamente, la idea surgió como una reacción ante esa pérdida».
Así es como Mohamed empezó a recolectar casi todo lo que se encontraba tirado o desechado en los campamentos, ya fueran maderas, telas, cartones, metales o plásticos. Reciclaje en mitad de la nada.
«Cuando estudias, en los libros hay mucha teoría pero poca práctica, y construir mi propio estudio me ha permitido conocer los materiales y cómo se comporta cada uno. Mi formación como artista es el resultado de este proceso de construcción de mi propio estudio, porque he tenido que resolver problemas y encontrar soluciones. Eso me ha quitado el miedo para afrontar cualquier reto y me ha dejado claro que siempre hay una solución para todo: puede llevarme más o menos tiempo, esfuerzo y energía, pero al final la encuentro. Estas soluciones las he compartido con otros y mi intención es que se puedan aplicar en los campamentos», reconoce el artista.
Por lo tanto, su primera gran obra es su propio estudio de trabajo, al que ha llamado Motif Art Studio & Workshop: «He hecho de mi vida un laboratorio para experimentar y jugar con cosas. Soy un experimentador y lo que hago es comprobar qué cosas funcionan y cuáles no».
Y destaca dos ejemplos relacionados con el hecho de que durante el verano los termómetros alcanzan más de 50 grados centígrados en los campamentos de refugiados saharauis y que muchas casas de adobe se convierten en auténticas saunas.
«El calor es insoportable en esta época del año y muchos hogares saharauis tienen los techos de zinc, un superconductor del calor, lo que incrementa el agobio y la temperatura. La solución para encontrar algo de alivio la hallé en los cartones de leche. Me di cuenta de que están formados por cuatro capas pegadas de diferentes materiales –plástico, cartón, aluminio y plástico– que consiguen mantener la temperatura. Esto lo apliqué al techo y a las paredes de mi estudio, creando unos paneles con seis o siete capas de madera, tela, plástico y cartón. Es un sistema muy efectivo para evitar que el calor traspase las paredes y para mantener una temperatura constante y agradable. He comprobado que es muy efectivo tanto para el calor como para el frío. Puedo asegurar que se está mejor en mi estudio que en las jaimas o en las casas de adobe», afirma Mohamed Sulaiman.
El segundo ejemplo que ofrece se refiere a las corrientes de aire: «En los campamentos, todas las ventanas abren horizontalmente, por lo que siempre dejan entrar el sol, pero si las construyes para que se abran en vertical, dejan entrar el aire y, además, pueden proteger del sol. También es fundamental que coloques las ventanas a distintas alturas para que circule el aire y no se cree una atmósfera densa».
Murales en el desierto
Además de su propio estudio, uno de los proyectos que ha revolucionado los campamentos es su conjunto de murales. Cinco en total. Por ahora.
«En mi casa pinté uno con referencias al arte abstracto; otro se encuentra en una de las paredes del hogar de Salek y su familia y recuerda la ceremonia del té y la unión familiar que significa; el tercero, de un color azul intenso, que destaca entre tanto marrón y amarillo del desierto y que te puede hacer pensar en un bien escaso como es el agua, está en la biblioteca Bubisher; el cuarto, llamado The Tube (El tubo), lo pinté en las paredes del Centro de Integración para Personas con Discapacidades Físicas y Psíquicas de Buyema Fateh, conocido en los campamentos como Castro; y el último ha sido un homenaje a un vecino en su propia casa», enumera Mohamed.
Uno de los Murales creados por Sulaiman
En este entorno de supervivencia, Sulaiman entiende que no todos los saharauis comprendan su arte, pero sí espera que ayude a sus compatriotas a abrir sus mentes. En este sentido asegura que «algunos piensan que estoy un poco loco y me preguntan que por qué hago estas cosas y para qué sirven. Yo les contesto que el arte puede conectar gente, abrir mentes, solucionar problemas, servir de terapia y curar. Intento que la gente entienda que el arte es algo más que lo que vemos a simple vista. Si trabajamos en pensar en cosas diferentes, lo podremos aplicar a cualquier aspecto de nuestras vidas como refugiados».
De hecho, sus propuestas son tan novedosas que ha recibido críticas porque muchos de los refugiados no consideran que sus obras sean una muestra del arte saharaui. Este creador, de 31 años, se defiende: «¿Qué es el arte saharaui? ¿Lo que ha sido en el pasado en un período específico y en un lugar concreto o lo que cada saharaui hace? La gente piensa en el arte tradicional, pero la identidad saharaui está formada por muchas cosas, no solo por unas pocas que se refieren a un período concreto. De hecho, ni yo, ni muchos de los refugiados hemos estado nunca en el Sahara Occidental ocupado, pero sentimos como nuestra esa identidad y esa tierra. Es bueno y saludable conocer y cuestionarse la norma y, muchas veces, también romperla. Respeto el arte tradicional y me encanta, pero que no me excluyan porque hago algo diferente. Yo soy saharaui y hago arte, por lo tanto, mi arte es saharaui. Al final, el arte es una expresión humana que refleja lo que eres, piensas y sientes».
Mohamed Sulaiman
El trofeo del Sahara Marathon
En 2018, este artista saharaui también ha sido el encargado de crear el trofeo del Sahara Marathon, la carrera solidaria a favor de la causa saharaui que se disputa a finales de febrero entre los campamentos de refugiados.
«Supone un gran orgullo para mí porque, hasta ahora, no se entregaba ningún trofeo a los ganadores. Es la primera vez que se ha hecho en 18 ediciones. Son piezas abstractas construidas con trozos de madera encontrados en los campamentos. Puede parecer una espiral, una escalera que asciende hacia el cielo con escalones de diferentes colores que representan la diversidad de personas y nacionalidades que han participado a lo largo de los años», explica. Mohamed Sulaiman tiene claro que su arte debe servir para algo, tener una función práctica y, en consecuencia, también está trabajando en la construcción de un centro de arte reciclado «para impartir talleres y charlas tanto para saharauis como para personas extranjeras que vienen a ayudarnos en nuestro día a día y en nuestra causa. Tenemos que colaborar y compartir. No quiero que las ideas mueran en la cabeza. Hay que sacarlas afuera».
Además, comenta que, a pesar de que tiene ofertas para estudiar y formarse en otros países más allá de los campamentos de refugiados, no se mudará: «Quiero estar aquí y hacer mi arte aquí, con mi gente, y apoyar en todo lo que pueda. Saldré y participaré en programas concretos, pero solo por un período de tiempo limitado. He estado recientemente en Alemania, Grecia, Finlandia o Nigeria y estos viajes me sirven para refrescarme con las ideas de nueva gente y otros artistas, pero siempre quiero regresar».
El árbol que ha arrastrado Salek por los campamentos de refugiados saharauis hasta el estudio de Mohamed Sulaiman es parte fundamental de su próximo proyecto, según le cuenta el mismo artista al pequeño saharaui.
«Una mañana, viendo un árbol casi seco en los campamentos, pensé que era una imagen terrible y que si lo pintaba supondría un cambio de pensamiento. Era un árbol marrón con el fondo marrón del desierto y yo quería insuflarle vida con la pintura. Primero pensé en hacerlo con pinturas normales, pero me he ido interesando más por la fotografía y me he dado cuenta de que podía llevarlo a otro nivel, que es pintarlo con pintura fluorescente y experimentar con la fotografía nocturna. Me gusta mezclar distintas disciplinas y experimentar con ellas. Los problemas en el mundo son muy complejos y una sola disciplina no puede solucionarlo todo. Quiero encontrar soluciones prácticas que ayuden a mi pueblo, pero también artísticas. No quiero que mi arte esté colgado en las paredes de los museos, sino que sirva para que colaboren diferentes personas y para encontrar nuevas soluciones a los problemas de la vida», asegura convencido el artista abstracto saharaui Mohamed Sulaiman.
Fuente: Mundo Negro Observatorio de Medios del Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños.
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