Página AFROS - Salsa: sentimiento africano

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La salsa, un exquisito aderezo compuesto de tomate, albahaca, cebolla, ajo, perejil y otras especies, pasó de ser un componente obligado de la cocina universal, a una ensalada de sonidos musicales provenientes de las culturas más populares de los pueblos latinocaribeños. 

La “Salsa” pues, no es de tomate, mas sí, una mezcla de sonidos cultivada por el pueblo llano latinoamericano, esencialmente negro y de raíz mayoritariamente africana. La “Salsa” se distingue de otros géneros en la variedad de sus instrumentos, en muchas de las letras de sus canciones y en su peculiar y candente estilo de baile. 

Génesis africana

Si examinamos creaciones musicales de grupos como La Fania, en el disco-documental “Fania en África”, (“Adivíname dónde comenzó la música que te traigo yo”), donde se recrean las danzas de las comunidades africanas, encontraremos similitud con la música y dancística cubana en sus diferentes géneros, particularmente en el Son, el Guaguancó,  el Yambú  y la Columbia, al igual que otros ritmos caribeños. 

La Salsa es producto del intercambio cultural de los emigrantes de los pueblos del Caribe y Suramérica, quienes llevaron a Nueva York el Son cubano, el Merengue dominicano y la Bomba y la Plena portorriqueña durante las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado, y quienes mediante la fusión de sus géneros nacionales, desarrollaron y popularizaron el ritmo.

Grupos musicales y artistas como Chano Pozo, Virgilio Martí, Celia Cruz, Jhonny Pacheco, Cheo Feliciano, Pete “Conde”, Tito Puente, Héctor Lavoe, Ismael Rivera, Oscar De León y Federico Betancourt, así como tantos otros cubanos, dominicanos, puertorriqueños y venezolanos, fueron y son precursores y exponentes de lo que hoy se denomina “Salsa”.  Se le atribuye el nombre del género, al fallecido pastoreño (de La Pastora, aquí en Caracas), animador de la “Hora de la Salsa”, Fidias Danilo Escalona, y a otros locutores de origen puertorriqueño.

Pero todo no queda allí. La polémica seguirá  viva sobre el  nombre del género y debilitada para quienes se atribuyen su autoría, sobre todo cuando escuchamos las letras de canciones como “Échale salsita”, una composición de Ignacio Piñeiro escrita por los años 30 y cantada por Carlos Embale, primera voz del Septeto Nacional. Algunos investigadores señalan que de esa canción, es posible su procedencia.  Pero de lo que no queda duda de la “Salsa”, es de su primigenio origen y esencia africana; y de quienes la interpretamos, la bailamos y gozamos. 

Tite Curé, un grande

¡Bendito Tite, que trabajo, que molienda!, exclamaba Cheo Feliciano, cuando interpretaba “Naborí, en donde tu amor acabó”, una de las canciones más hermosas de Catalino Curet Alonso, compositor de origen afro, nacido en 1928 en un barrio pobre de Puerto Rico. 

Catalino Curet, popularmente conocido como Tite Curé, quien estudiara música, periodismo y sociología, escribió en su prolífera carrera, más de 2 mil canciones, la mayoría de contenido social, en especial sobre las vivencias de las y los negros e indígenas caribeños.  Su obra sensibilizó a muchos corazones en Latinoamérica sobre la esclavitud, la opresión colonial y clasista a que fueron y han sido sometidos por siglos, los descendientes de la madre África, en expresiones como “Plantación Adentro camará sombra son la gente y nada más”, donde magistralmente resume el dolor y la opresión del esclavo africano y sus circunstancias.

Y al contrario del dolor, exaltó en sus canciones las luchas, el amor y la belleza de esas comunidades. Fue evidentemente un estilo musical con alto espíritu y conciencia  africana.  

Caras lindas somos

Esos sentimientos, nacidos de su propia condición de clase y devenida de sus raíces africanas, los plasmó de manera brillante en canciones como “Las Caras Lindas de mi gente negra” en la cual se inspiró para su amigo de la infancia, el recordado “Maelo” Ismael Rivera, quien la popularizó. Esta pieza ha sido considerada como una obra clásica del repertorio musical latinoamericano.

Su estilo fue bautizado como “salsa con una conciencia”, y su obra se convirtió en un canto para toda América Latina y otras partes del mundo.

Le compuso al barrio en “Juanito Alimaña con mucha maña es malicia viva”. A la mujer, en La Tirana. Al amor, en “Barrunto en mi corazón presentimiento” y “De todas maneras rosas para quien ya me olvidó”, Y a las y los indígenas les dedicó “Anacaona, india de raza cautiva, Anacaona de la región primitiva”.  Plasmó brillantemente en “Juan Albañil el edificio que levantaste”,  y en “Los Entierros de mi gente pobre”;  la opresión de clase y las injusticias de la sociedad y el sistema capitalista. 

En su amplio repertorio no podían faltar temas dedicados a las deidades africanas de la religión Yoruba, como El hijo de Obatalá, el Orisha mayor…

Y en “Pa' que afinquen yo le canto un son”, le imprimió ese sonsonete con sabor a barrio, a pueblo, al negro africano que él llevaba dentro si, y que hoy reivindicamos los seguidores de su obra.  

 

Por Orlando Ugueto

Publicada en el Correo del Orinoco - Observatorio de Medios del Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños.

 


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