Traición a la carta

PlatónPlatón

Recientemente una dirigente política española aseguraba en una entrevista en el canal televisivo TeleSur que el futuro del mundo está en América Latina. Hoy sinceramente creemos que esa frase es, más que una expresión optimista, el reflejo de una gran verdad.

Si analizamos el mundo en su conjunto vemos a una Europa fracturada y mayoritariamente de rodillas frente a los dictámenes del imperialismo estadounidense. El resto de los pueblos está en pugna perenne por salir del atolladero del subdesarrollo, mientras Rusia y China emergen como los grandes polos económicos, financieros y militares equilibradores de la balanza de este mundo que oscila entre la paz y la guerra.

América Latina y el Caribe, con todos sus problemas, tienen en sus pueblos jóvenes la semilla de la esperanza que ya brotó en varios de sus territorios, los cuales aunque parezca que han sido debilitados pronto -estamos seguros de ello- germinarán con más fuerza.

Es más, sin ánimo de caer en pedantería alguna, nos atrevemos a decir que la concreción de esa esperanza pasa por la consolidación de la República Bolivariana de Venezuela como el farol fundamental que alumbra ese camino lleno de rosas y espinas que abre las puertas a la sociedad del futuro.

Sin embargo todavía queda aprender de la historia que nos dice: todo sendero o camino no es de fácil recorrido. Tras cada paso que se avanza salen nuevos obstáculos, entre ellos la traición, esa deleznable conducta humana que se rige por el individualismo y los sentimientos más oscuros de la personalidad.

La traición siempre está presente en las relaciones humanas y sobre todo en las políticas, porque las ambiciones de poder aunadas a las debilidades en los principios abundan. Así ha marchado la historia.

Dicen los analistas que el primer traidor conocido fue Judas Iscariote, un discípulo de ese revolucionario que ha pasado a la historia como Jesús de Nazaret. En efecto, fue la primera traición de carácter político que se conozca. Judas era un hombre de confianza de Jesús, pero tentado por el poder vendió a su líder por 30 denarios al poderoso imperio de la época.

Los traidores por ambiciones políticas llenan las páginas de la historia. En América Latina y el Caribe desde las gestas independentistas hasta nuestros días las traiciones han estado en el tapete de los acontecimientos. Así tenemos el caso de Francisco de Paula Santander, quien desde su cargo de vicepresidente de la Gran Colombia, fue el gestor fundamental de la traición al Libertador Simón Bolívar.

En las postrimerías del siglo IX en Venezuela, el 10 de enero de 1860, fue asesinado el general de Tierra y Hombres Libres, Ezequiel Zamora, como consecuencia de una traición que, según apuntan los historiadores, tuvo como jefes a Juan Crisóstomo Falcón y Antonio Guzmán Blanco, sus compañeros de lucha en la Guerra Federal.

También en Venezuela, pero en el siglo XX, otro vicepresidente, Juan Vicente Gómez, aprovechó la ausencia del jefe del Estado Cipriano Castro para quedarse con el cargo. Esa traición le costó al país una férrea dictadura de más de 30 años.

En el Caribe fue grotesca la traición de Bernard Coard, viceministro del gobierno de Granada, quien ordenó personalmente la ejecución de Maurice Bishop, el joven presidente de esa isla y líder del gobierno revolucionario en ese pequeño país. Coard todavía vive, aunque en el estercolero de la  oscuridad y el repudio universal.

Pero quizás el traidor más repulsivo y repudiado del mundo libre ha sido Augusto Pinochet, hombre que apenas horas antes de comandar el golpe de Estado contra Salvador Allende le había expresado lealtad al Compañero Presidente. Pinochet, como diría el poeta Roque Dalton, “murió en su cama, en medio del desprecio y el aborrecimiento universal”.

América hoy en día también presenta otras traiciones, una de las cuales figura ya en la clasificación de las más despreciables: la que se da en Ecuador con el actual gobernante Lenin Moreno, hombre que llegó a la presidencia bajo el alero de Rafael Correa, y a pocos días de asumir el poder se alió con los peores enemigos de éste. Además, carga sobre sus hombros la nefasta decisión de haber entregado a Julian Assange al gobierno británico. Moreno, que posiblemente sea hijo de alguien que militó o simpatizó con los procesos revolucionarios, lleva el nombre de Lenin para desgracia del pensador y líder de la revolución bolchevique.

Venezuela no podía quedarse atrás. Las traiciones al proceso bolivariano suceden casi a diario, para decirlo con algo de exageración. Pero ¿qué es la traición? Podemos considerar la traición como la resolución de un conflicto de emociones e intereses que se dan dentro de un individuo que lucha con sus creencias narcisistas (soy el mejor, el más apto, etc.) y su necesidad de reafirmación de esas convicciones.

El traidor, que generalmente es recompensado de diversas maneras, se asume como el predestinado a ejercer el rol de mando y para ello se subasta en el mercado de las indignidades. Lenin Moreno, con su traición se ha proclamado a sí mismo como “el mejor presidente de Ecuador”. Pinochet subrayaba que él era el hombre que “había salvado a Chile del marxismo”.

En Venezuela el traidor se puede analizar desde diversos ángulos. Desde aquel narcisista que fue convencido de que era el hombre para derrocar al gobierno autoproclamándose presidente porque posa, se retrata y habla como modelo de farándula barata, hasta el hasta ayer jerarca de la principal empresa petrolera que desde el exterior se pronuncia por la formación de una Junta Provisional de Gobierno, presidida por él, naturalmente.

Son dos vertientes de la traición: una la del títere que baila al son del toque del amo y sonríe creyendo que “se la está comiendo” y la otra, la del petulante letrado, millonario, que dicta cátedra desde el exterior pero no viene al país a enfrentarse directamente con sus adversarios. Ambos, títere y millonario, son narcisistas que siguen enredados en sus conflictos internos. Como lo dice un psicólogo de farándula, están derrotados por sí mismos.

Ya lo señalaba Nicolás Maquiavelo, quien hablaba de que el fin justifica los medios pero a la vez advertía, precisamente, que la traición es el único acto del hombre que no se justifica. El traidor niega los principios, su personalidad está llena de odio y por ello es capaz de venderse al diablo. Además, el traidor puede hoy inclusive implorar perdón pero mañana puede volver a cometer una mayor traición. Ya lo advertía Bolívar, acicateado por la experiencia vivida con Santander, a cada perdón le sucede una traición.

Y Fidel, verdadero conocedor de la esencia humana, lo subrayaba. ”En los tiempos difíciles –afirmaba el líder cubano- aumentan los vacilantes. Se confunden, se acobardan, desertan.  Son hechos que pasan en todas las revoluciones”. Pero también subrayaba Fidel “…en los tiempos difíciles es cuando se prueban los que valen”.

En la Venezuela actual la traición tiene varias caras: unas han salido al descubierto, pero todavía hay otras que permanecen en las sombras. Vivimos tiempos difíciles, es verdad, pero también podemos afirmar que también son tiempos de valientes.


Autor: Marcel Roo
Observatorio de medios del Centro de Saberes Africanos,Americanos y Caribeños

Tags:
Centro de saberes Africanos, Americanos y caribeños

Sede Académica 

Edificio Gradillas, piso 2, Esquina de Gradillas, Plaza Bolivar  
(a 150 mts. del Metro Capitolio), Municipio Bolivariano Libertador del Distrito Capital.

(+58 212) 863.46.12

Sede Rectoría

Torre de la Economía Comunal Manuelita Sáenz, piso 2, área de oficinas, Boulevard de Sabana Grande
(a 150 mts. del Metro Chacaito), Municipio Bolivariano Libertador del Distrito Capital

(+58 212) 953.83.43 - 952.72.29

Contáctanos

contacto@saberesafricanos.net
saberesafricanosweb@gmail.com

Nuestras redes

© 2016 Derechos reservados, Centro de Saberes Africanos, Americanos y Caribeños. Caracas - Venezuela